La embestida católica en Uruguay, el paisito laico

La famosa consigna del movimiento pro aborto “¡Saquen sus rosarios de nuestros ovarios!” bien podría aplicarse a otros ámbitos de la vida, en este rincón del mundo. Son varios los países de América Latina que están viviendo una embestida conservadora guionada por la Iglesia Católica y que busca invadir los paisajes urbanos, controlar los espacios públicos, decirnos qué hacer en los privados. En definitiva, derribar la (mal) llamada “ideología de género”, ese conjunto de prácticas que atentan, el decir eclesiástico, contra los valores de la familia tradicional al promover la igualdad de género y la diversidad sexual.

No hace falta indagar mucho para detectar este fenómeno en la región.

En Brasil la campaña contra la “ideología de género” se dejó ver especialmente en el debate sobre el nuevo plan nacional de educación, cuestionado por los grupos conservadores y fundamentalistas dentro del parlamento brasileño, que se oponían a su contenido sobre género y libertad sexual. De hecho, se trata de los mismos sectores conservadores que ahora impulsan el proyecto de ley “Escuelas sin partido” en busca de censurar los textos escolares que contengan temas referidos al género o la educación sexual.

En Perú hubo presiones para cambiar el punto referido al “género” en el nuevo Currículo Nacional de Educación. Pero fue una batalla perdida para los conservadores y los evangélicos, que de todas maneras no se dieron por vencidos y a fines de 2016 lanzaron la millonaria campaña “Con mis hijos no te metas”, donde cuestionan el “adoctrinamiento de la ideología de género” en las escuelas y reivindican su derecho a educar a sus hijos a partir de su moral cristiana. 

En Paraguay, la avalancha conservadora se metió en el debate sobre la nueva ley contra la violencia hacia las mujeres, que el Senado aprobó en noviembre sólo después de haber eliminado del texto original la palabra “género”. Los partidos conservadores paraguayos hicieron campaña para no incluir un término que, a su entender, daba cabida a que pudiera aplicarse a personas que asumen una identidad de género diferente del sexo asignado al nacer”. Casualmente, un día antes de la votación, la Conferencia Episcopal Paraguaya instó a los senadores a reconsiderar los artículos que aludían al género, ante el temor de que la normativa incluyera a “varones que se consideran a sí mismos mujeres”.

El lobby conservador tampoco descansó durante la campaña para refrendar el acuerdo de paz firmado entre el gobierno colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia. Quienes defendían el No en el referéndum ganaron terreno mientras aseguraban que el documento “tenía encriptada la ideología de género”.

Lo curioso –o no– es que se trata de países que son formalmente laicos. En todos los casos, según datos oficiales, más del 85% de la población se considera católica.

 

So called laico

Uruguay podría parecer un caso aparte: muchos dicen que es el país más laico de América Latina y, a diferencia de sus vecinos, los católicos no llegan a ser el 45%.

Esta peculiaridad tiene probablemente raíces históricas, vinculadas al temprano proceso de secularización. Estamos hablando de un país que en la primera década del siglo XX ya había aprobado una ley que, entre otras cosas, convirtió la “Semana Santa” en “Semana de Turismo”, aprobó el divorcio por la sola voluntad de las mujeres, retiró los crucifijos de los hospitales y prohibió la formación religiosa en las escuelas públicas. En el proceso, la influencia de la Iglesia Católica como institución se debilitó.

Esto explica por qué Uruguay es habitado por un menor número de católicos que en el resto de la región o tiene el porcentaje más bajo de personas bautizadas en América Latina.

Aun así, Uruguay no es ajena a esta última embestida conservadora, que se ve reforzada por el contexto regional.

Para detectar los mecanismos locales de rechazo a la “ideología de género” basta con repasar el archivo del sitio oficial de la Iglesia Católica de Montevideo. A mediados de 2014, por ejemplo, el obispo del departamento de Lavalleja y responsable de la Comisión Pastoral para la Familia y Vida de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Jaime Fuentes, advertía sobre el “peligro” del contenido de un folleto de educación sexual que la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) distribuía en los liceos públicos. En concreto, denunciaba que encubría “bajo la apariencia de educación sexual para las familias […] la infausta ideología de género, cuya pretensión es cambiar la concepción judeo-cristiana de la familia y la sexualidad”. El material distribuido por la ANEP ahondaba en la importancia del uso del preservativo y destacaba que las relaciones sexuales “pueden ser entre parejas del mismo o de distinto sexo”.

Unas semanas después, el obispo de Canelones y presidente del Departamento de Educación de la Conferencia Episcopal Uruguaya, Alberto Sanguinetti, cuestionaba en otra nota la “imposición de los postulados de la ideología de género” en un seminario del uruguayo Ministerio de Desarrollo Social sobre la discriminación hacia las personas transgénero en el ámbito de la educación. Y denunciaba la “imposición” desde el Estado de una forma única de educación de la personalidad, y de la identidad sexual, sometida a la ideología de género”. El obispo reclamaba que “la Iglesia, junto con gran parte de la humanidad, sostiene la verdad del cuerpo varón y mujer, orientados al matrimonio y a la creación de la familia. Por lo mismo tienen el derecho de educar según sus propias convicciones”.

Para difundir esas “propias convicciones”, la Iglesia Católica de Montevideo estrenó en setiembre de 2016 el nuevo Departamento de Comunicación Social. Su rol es manejar la nueva plataforma multimedios de contenidos católicos que abarca el quincenario Entre Todos, la Radio Oriental, la Librería Editorial Arquidiocesana, la web oficial, el canal de televisión ICM TV y las cuentas de Facebook y Twitter. El objetivo del proyecto es llevar adelante la “tarea de la evangelización” haciendo uso de las distintas herramientas tecnológicas, según dijo el director del departamento, Pablo Coimbra. La inversión para esta plataforma, en la que trabajan cerca de 30 personas, fue de aproximadamente 200 mil dólares, de acuerdo a datos a los que tuvo acceso el semanario Brecha.

En esa tarea de “evangelización 2.0” también viene incluida la campaña contra la “ideología de género”. Los cursos que se brindan a través del canal de televisión son un ejemplo. Según contó Coimbra al citado medio, uno de ellos estará centrado en la educación sexual porque las guías de la ANEP están impregnadas de ideología de género”, por lo que “se desconoce lo que es dado por naturaleza”.

 

En las calles

En paralelo, una serie de fenómenos mostraron en los últimos meses que la Iglesia Católica tiene, de hecho, poder e influencia en el espacio público uruguayo.

Pongamos el ejemplo de las “balconeras”, esos banderines que entre diciembre y enero invadieron la fachada de casas y comercios del país, con la imagen de un pesebre, los colores papales y el mensaje “Navidad con Jesús”. En una nota publicada en el sitio de la Iglesia Católica de Montevideo cuando se lanzó la campaña, el sacerdote Daniel Kerber (de la Arquidiócesis capitalina) explicó que el objetivo era “renovar el sentido cristiano de la celebración”. En sus palabras, las balconeras –que tenían un costo de 200 pesos (aproximadamente unos siete dólares)– ayudarían a que Jesús sea públicamente visible como la figura central de la Navidad”.

 

Como resultado, de acuerdo a los datos que brindó el propio arzobispo de Montevideo Daniel Sturla, 28.500 familias vistieron sus fachadas con los banderines religiosos durante las últimas festividades, incluido el presidente uruguayo, Tabaré Vázquez. Sturla dijo en su mensaje de Navidad celebró esto: “me gustó mucho”.

Para otros, el mandatario se pasó de la raya. Uno de los integrantes de la Asociación Uruguaya de Libre Pensadores, Víctor Rodríguez Otheguy, opinó en declaraciones a Montevideo Portal que se trataba de una “vulneración” porque “el presidente no es un ciudadano común” sino que “actúa en nombre del Estado uruguayo”, por lo cual está sometido al artículo quinto de la Constitución, que establece que “el Estado no sostiene religión alguna”. Vázquez nunca se pronunció sobre el tema.

Batalla ganada

El otro episodio tiene que ver con el debate que generó en el país la instalación de un monumento de la Virgen María en la rambla, uno de los lugares más simbólicos y preciados de la capital uruguaya. La propuesta había surgido a principios de 2016 a iniciativa de la Iglesia Católica y la discusión en la Junta Departamental de Montevideo había quedado en pausa durante varios meses porque los ediles no se ponían de acuerdo sobre cómo solucionar el asunto. En abril de este año, la Iglesia recurrió a una campaña en las redes sociales con hashtag #SíaMaría incluido. Así volvió a poner la propuesta en el tapete, pero sin lograr su objetivo ya que la Junta no habilitó la instalación de una virgen en la vía pública.

La decisión, no obstante, fue criticada por los sectores más conservadores. Sturla dijo que la votación significó “un claro retroceso en la laicidad entendida como apertura, pluralidad, posibilidad de manifestar, también a través de un monumento, una de las expresiones religiosas más queridas para un importante núcleo de la ciudadanía”. La calificó, además, como un claro acto de discriminación hacia la comunidad católica”, que “retrotrae” a los uruguayos “a más de un siglo de distancia”.

El debate sobre este monumento dio pie incluso a que Pablo Abadala, diputado del opositor Partido Nacional –el más vinculado a la Iglesia Católica– presentara un proyecto de ley para que el Estado autorice a instituciones religiosas, cuando lo soliciten, “el uso de los espacios públicos tanto en forma transitoria, a efectos de la celebración de ceremonias u actividades religiosas, como para el emplazamiento permanente de símbolos o imágenes”. A su entender, las distintas religiones tienen derecho a hacer uso del espacio público porque así lo establece la libertad de cultos que consagra la Constitución uruguaya, según dijo en declaraciones al periódico la diaria. Representantes de otros partidos políticos se manifestaron inmediatamente en contra de esta iniciativa que, de todas maneras, no tiene ninguna oportunidad de prosperar.

Las organizaciones que defienden la laicidad celebraron lo que consideran una batalla ganada, en medio de una avanzada religiosa de dimensiones regionales.

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