Diario de un viaje a la Palestina ocupada

  • Diario de un viaje a Palestina ocupada
Carla Gisele Batista - Nathalia Soares
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Carla Gisele Batista - Nathalia Soares

Entre enero y febrero de 2017, las autoras, participaron de un tour histórico, gastronómico y político-religioso a Palestina. Lo que sigue es un fragmento del registro que aceptaron hacer para Bravas; el texto completo puede descargarse al final de la página en español y en portugués. Comienza Nathalia y por el formato del texto pueden identificar cuándo escribe ella y cuándo Carla. ¡Buen viaje!

Me habían advertido que la entrada en Israel podría ser complicada y qué medidas debería tomar si tenía problemas. Soy una mujer latinoamericana con ascendencia japonesa y un aspecto bastante alternativo, estaba segura de que sería un problema para la entrevista.

El trámite de migraciones fue lento y demorado. Apenas entregué mi pasaporte a la agente de inmigración, vio mi nacionalidad y me mandó esperar en una sala para la entrevista. Ellos desaparecieron con mi pasaporte por unos 30 minutos. Fue extremadamente incómodo. El único documento había desaparecido y yo no sabía dónde estaba.

Esperé unos 20 minutos antes de que un policía me llamara a la entrevista. Me pareció extraño el hecho de que fuera hombre. Primero preguntó si la conversación podría ser en inglés y dije que estaba bien. Después de esa primera pregunta, intentó intimidarme bastante. Preguntó muchas cosas, desde mi nombre completo hasta si tenía algún pariente que viviera en Japón. También me preguntó la procedencia de mi apellido japonés (que no tengo ni idea). Hasta ahora no entiendo por qué esos cuestionamientos, pero, en fin. Devolvió mi pasaporte y liberó mi visa, después de haber preguntado cuánto dinero llevaba encima.

Finalmente había conseguido entrar en el país más militarizado del mundo.

 

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El encuentro de nuestro grupo fue en el café del Jerusalén Hotel. De ahí seguimos hacia el lugar donde salen los autobuses a Betlehem (Belém). La autopista palestina está situada en esta parte árabe, casi frente a la Puerta de Damasco, una de las que dan entrada a la magnífica ciudad antigua. Mientras esperaba que se hiciera la hora, caminando por allí pude ver cómo los soldados judíos abordan a los jóvenes palestinos. Lo que presencié me remitió a la forma de abordaje de los policías brasileños a los jóvenes negros. La policía se orienta por un estereotipo, un color de piel, una forma de vestir... Si la persona tiene una cita en ese horario, va al trabajo, no importa: está sujeta a ser interceptada en cualquier momento, sin motivo justificable. El simple hecho de ser quien es, posibilita la interdicción. Lo mismo presenciamos varias veces al pasar por los checkpoints: cualquiera de esas personas puede ser retenida, sin justificación plausible.

 

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Tomamos un autobús hacia Belém y paramos en el check-point 300. Los palestinos necesitan pasar por los check-points para poder entrar en Jerusalén o moverse dentro de la propia Palestina. Básicamente es como entrar en un aeropuerto: usted es revisado y miran sus documentos. Pero los palestinos pueden simplemente ser detenidos allí mismo, si la persona que está dentro de la cabina quiere. Sin mayores motivos.

Fue una experiencia bastante extraña, parecía que entrabamos en un matadero.

Llegamos a Belém y un taxista amigo de Sandra ya nos aguardaba para llevar las maletas al Campo de Aida. Fuimos caminando hasta el campo. Durante el camino, ella fue explicando algunas cosas sobre cómo eran las cosas antes del muro.

Una vez que llegué al campo de Aida, la realidad empezó a golpearme la cara. Recordé las palabras que una persona muy querida me dijo cuando comenté mi objetivo con el viaje: “a veces la gente necesita ir lejos para conseguir ver algunas realidades”. Me acordó mucho de las favelas de Brasil.

El Campo de Aida era, antiguamente, un campamento. Sin embargo, la gente empezó a percibir que la situación no cambiaría tan rápidamente y no podrían volver a sus hogares. Con la ayuda de la ONU, comenzaron a construir casas.

Al principio sentí que no iba a aguantar lo que estaba experimentando en ese viaje. No hacía ni 24 horas que estaba en Palestina y ya estaba triste y sacudida con lo que estaba viendo.

Llegamos a la casa de Islam. En la cultura árabe, los padres proveen casa a los hijos varones. Una vez que se casan, el hijo y la esposa viven en ella. Culturalmente hablando, me pareció interesante y muy intrigante esta costumbre. Como Islam todavía tenía un hijo varón que no estaba casado, ella alquila la casa en el estilo airbnb para quien quiera tener la experiencia de vivir la receptividad Palestina. La casa era muy cómoda, toda equipada. Sólo era muy fría debido a la falta de aislamiento térmico. Me pareció un poco sufrido, pero sólo fueron 11 días. ¿Y los palestinos, que viven eso toda la vida?

Ese día había un taller culinario con Islam quien tiene un proyecto muy interesante que ayuda a las madres que tienen hijos con alguna necesidad específica. Los talleres son uno de los modos que ella encontró para seguir teniendo fondos para el proyecto de los niños. Ella nos enseñó a hacer maklube; haciendo una comparación un poco tonta, sería una especie de “paella” árabe. Por lo que nos explicaron, maklube significa “de punta cabeza”: el plato se compone de arroz con especias y vegetales fritos montados en capas. A la hora de servir, la olla es invertida de punta cabeza en algún recipiente para volcar el arroz.

No sé si era el hambre, pero estaba delicioso. La receptividad de Islam y su familia también fue algo muy agradable de experimentar. Todos nos trataron muy bien y sirvieron los famosos tés (muchos de ellos, siempre).

Aquellas personas eran buenas. Esto me hizo pensar un poco en la idea que se disemina de que “los árabes son todos terroristas”. Nunca había aceptado esto, pero nunca me había parado a pensar en el peso que esta frase tiene en relación con la visión y el prejuicio que existe con los árabes en general.

No recuerdo si hicimos algo más en ese día. Sí que la noche era realmente muy fría y mi columna lumbar se trabó por la tensión muscular. Me quedé con miedo de no poder caminar al día siguiente y perder un día.

 

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A los palestinos no les está garantizado el saneamiento y la distribución regular de agua, servicios restringidos a la población israelí. Allí estaban instaladas las placas de energía solar que se utiliza para calentar el agua. El levantamiento de residuos también se hace de forma irregular, lo que explica la cantidad de basura esparcida por las ciudades palestinas.

En nuestro paseo de presentación al Campo visitamos una producción familiar de falafel, donde comí los más deliciosos de todo el viaje. Ellos tenían un color verdoso a causa de los condimentos, eran extremadamente crujientes por fuera y aireados por dentro. ¡Sabrosísimos, calientes! Fue una primera impresión tan deliciosa, que pasé el resto del viaje buscando encontrar los mismos falafels siempre que parábamos para comer algo. Y para hidratar, me encantaban los jugos de granadas con naranja, no sólo por el sabor, la energía, sino también por la belleza del color.

Los principales puntos de paseo estaban marcados por la violencia y la destrucción. Un conmovedor panel, donde las familias pintaron los recuerdos de sus antiguas aldeas. Y el muro, omnipresente.

 

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La primera cena fue hecha para nuestra bienvenida. Probamos un plato típico y la acogida de una familia palestina. La casa de Islam fue el único lugar en el que vi las comidas con todas las personas juntas, compartiendo la mesa y las tareas, conversando animadamente. En las otras familias que visitamos y compartimos comidas, las mujeres servían la mesa y se quedaban sentadas apenas mirando mientras nosotros y sus compañeros nos deleitábamos con las maravillas que prepararon. Sandra nos contó que el proyecto de las mujeres suele sufrir presión de los hombres de la comunidad, que quieren beneficiarse de él.

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Nos quedamos con Bahá casi todo el día. Si no me equivoco, ese día también que fuimos a Belém, para ver y conocer un proyecto de Anne en la calle de la estrella. Anne es fotógrafa y hace trabajos en Palestina desde hace algunos años. Ella nos mostró un documental muy interesante que hizo con las personas de Gaza que perdieron a tres o más familiares en los bombardeos. Es un proyecto muy fuerte y conmovedor. Hablamos un poco con Anne y como quedé con curiosidad sobre los bombardeos, le pregunté si había presenciado uno y ella dijo que sí.

Una de las cosas que más recuerdo es a Anne hablando sobre el agua en Gaza: “el agua es gris y no nos recomiendan el consumo. Ni siquiera para bañarse. Una vez hice la prueba y me picaba todo el cuerpo. Y ese es el agua que beben todos los días”.

Fue otro día que regresé a Aida con la mente bastante impactada y sin saber mucho qué pensar / sentir. Si no me equivoco, fue esa noche que entraron 200 soldados en el campo y secuestraron a algunos niños. Nos enteramos el otro día, cuando llegó Sandra. Ninguna de nosotros había escuchado ningún ruido.

 

Es imposible no remitirnos al proceso de colonización de las Américas, cuando sobre las ruinas de las construcciones indígenas se erigieron otras que imponían a través de la piedra, de forma concreta, una nueva cultura: la del dominador. Pienso que este es un paso importante para la eliminación de la historia de un pueblo. Destruir lo que es sólido como un primer paso para borrar lo que es inmaterial; después de todo, todo lo que es sólido se desvanece en el aire. Y como parte de la estrategia, la utilización del discurso que da la base para transformar el robo de tierras en la generación de héroes nacionales. De aquellos que dan nombre a avenidas y aeropuertos, incluso porque fueron, sí, grandes estrategas.

Puede ser radical, pero una visita a Cisjordania vale la constatación de cómo, para Israel, sólo será posible la existencia de una nación con el exterminio de los árabes de la región. No sólo el pueblo, sino todo lo que le remite a él y a su pasado.

Por la noche, mientras nos calentamos con una sopa de lentejas, conversamos con Anne Paq, fotógrafa francesa especializada en Derechos Humanos que actúa desde hace más de 12 años en Palestina sobre su experiencia en Gaza. Nos contó sobre la actual situación de la región, el bloqueo, las iniciativas de resistencia. Vimos el documental producido por ella Oblitered Families, sobre el último bombardeo en 2014. Anne aguardaba la autorización para una nueva ida a la franja de Gaza, la primera después de aquella en que realizó el documental. Quería reencontrar a las personas, comparar lo vivido con la situación actual.

Anne y Sandra son pareja. A nuestra curiosidad sobre cómo los palestinos trataban la homosexualidad, nos contaron que entre los hombres ella no siempre es vista como tal. Aunque se relacionan entre sí, esto suele ser visto como parte de su aprendizaje sexual, aunque estas prácticas sean silenciadas. Los hombres andan abrazados y de la mano entre sí, pero no sucede lo mismo con sus compañeras. Las bodas todavía son decididas por los padres, aunque la juventud tiene sus estrategias para que la decisión recaiga sobre alguien de su propia elección. Ellas siempre se hospedan juntas, duermen en una cama matrimonial, las personas más cercanas lo saben, pero nada dicen. Son muy respetadas y queridas, siempre recibidas con alegría y afecto.

 

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Fuimos a Jerusalén para conocer a Sahá, una activista israelí que lucha por los derechos de los palestinos. Sahá nos explicó cómo Israel prepara a las personas para tener la sociedad super militarizada sin que eso sea extraño.

No estoy acostumbrada a ver a gente con rifles caminando por ahí: en Israel eso es muy común. Usted puede entrar en una tienda para comer algo y a su lado se sienta una persona con un rifle en la cintura.

Desde la infancia, los niños están expuestos a términos o imágenes militares o nacionalistas. También hay muchas conferencias durante el período escolar con militares o sobre armas. Entiendo por qué para ellos parece algo común.

Otro punto importante es que en Israel es obligatorio hacer servicio militar, incluso las mujeres. Sahá se negó a servir al ejército y fue castigada por ello.

 

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Existe un programa gubernamental que, en la juventud, antes del servicio militar, lleva a estudiantes a Alemania para conocer campos de concentración donde los judíos fueron muertos en la segunda guerra mundial. Esto también contribuye al sentimiento de que forman parte de un pueblo que está siempre a merced de ser atacado y eliminado, que necesita estar permanentemente alerta y listo a defenderse del enemigo, que en este momento se hace presente de manera más cercana en la existencia de Palestina. Por lo tanto, los árabes deben ser permanentemente vigilados y, si es posible, expulsados ​​o destruidos, así como el peligro que ellos representan. La supervivencia de unos se coloca siempre como la imposibilidad de la existencia de los demás.

Nos contó que los ministerios de Defensa y de Educación trabajan juntos en las currículas escolares. Esto garantiza que en las escuelas los textos leídos o los problemas de matemática utilicen imágenes e información militar. Fue ejemplificado con materiales escolares, como un problema en que “Si para tantos soldados tenemos tantas armas, ¿cuántas faltan?”.

 

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Desde la autopista seguimos en una van hasta la ciudad cercana de Abu Dis, donde tomamos café en el primer restaurante de Palestina, que está dentro de la Al Quds University. Este restaurante recibe voluntarios/as y Sandra, al final del tour, iba a trabajar allí algunos días para reformular el menú. A continuación, en el departamento de Inglés, nos reunimos con algunos /as estudiantes, profesores y el coordinador, que nos dio la bienvenida. En la conversación con los / las estudiantes, supimos que eran todos/as de otras ciudades y estaban expuestos a los checkpoints para llegar a la Universidad. Cuando se cierran, tienen dificultades para regresar a casa.

Sus familias se enorgullecen de que están haciendo un curso superior, pero, en general, no tienen perspectiva de que esto se revierta en empleo en el futuro, ya que el mercado de trabajo para palestinos es muy restringido. Los diplomas, considerados de alto nivel, son reconocidos en otros países, no así en Israel, donde se requieren otros dos años de complementación universitaria. Esto se ve como estrategia para dificultar el ejercicio de la profesión.

Las mujeres generalmente escogen universidades situadas cerca de sus casas, porque la distancia puede ser un impedimento para que las familias acepten sus estudios. Las que viven en las aldeas, donde es todavía muy fuerte la cultura de que las mujeres son para casarse, tienen más dificultad en seguir un curso superior. Y, además, las universidades son pagas, porque no tienen apoyo del Estado. Por convicción política, no se acepta financiamiento que exija cualquier actividad conjunta con Israel y aunque la Autoridad Palestina proporciona algunos recursos, es necesaria una mensualidad, que es alta. Lo que significa una selección de clase social para llegar a la formación superior.

Los militares israelíes suelen “visitar” la Universidad, principalmente a principios de semestre. Se busca amedrentar para que los jóvenes renuncien a los estudios. Cooptar a profesores y alumnos para que espíen a aquellas personas que son más radicales en sus cuestionamientos a la ocupación. Hay una fuerte acción para desmovilizar el debate y los posicionamientos críticos, lo que contribuye a que los estudiantes estén más preocupados por la propia supervivencia.

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La visita a la organización Badil, que trabaja desde el aspecto jurídico en la defensa de los derechos humanos de los refugiados, fue muy instructiva. Hemos sabido que desde 1917, en el mandato británico, comenzó la transferencia forzada de árabes, siendo de 1948 a 1967 que se produjo la mayor ola de expulsión. Nos explicaron las categorías utilizadas para definir tipos de expulsión y de refugiados, así como la legislación internacional y organismos de las Naciones Unidas que actúan sobre la cuestión y las dificultades encontradas para avanzar.

Conocimos leyes que contribuyen al alcance del objetivo de Israel, que es el de alcanzar “el máximo de tierra para el mínimo de Palestina”. Entre ellas, una ley de 1.948, la del Propietario Ausente, que justifica la ocupación de propiedades. Es decir: el mismo poder que expulsa, declara ausencia y toma la propiedad. Y la Ley del Presente Ausente. ¡Eso mismo! Que da el derecho a la propiedad de los desplazados que no se han ido. Con esto consiguieron tomar el 78% de la Palestina Histórica. En cuanto a la ocupación, antes de los acuerdos de Oslo, en 1991, 95 mil colonos habitaban en Cisjordania. En 2015, superaban el medio millón.

Israel creó la Ley del Retorno para asegurar que cualquier judío, desde cualquier lugar del mundo, pueda “volver”, aunque nunca haya estado allí. Por otro lado, en 1954 creó la Ley de Prevención a la Infiltración, para los palestinos, que determina que quien quiera volver o es ilegal o es considerado infiltrado, lo que puede significar: prisión indeterminada, prisión más expulsión, o incluso muerte. Y aún más: están los casos de aquellos que quieren salir y no pueden, lo que pasa con la población de Gaza. Sin hablar de las restricciones internas. La familia de Islam, por ser considerada refugiada en su propio país, nunca puede ni siquiera visitar la vecina Jerusalén.

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