Paraguay: La disputa de poder que interpela a los varones de izquierda

La senadora Esperanza Martínez es la presidenta del paraguayo Frente Guasú y vicepresidenta del Partido de la Participación Ciudadana. Fue ministra de Salud durante el gobierno de Fernando Lugo, gestión en la cual instaló la salud gratuita universal.

—Paraguay votó en 2016 el proyecto de Ley de Protección Integral de las Mujeres luego de dos años de modificaciones y negociaciones en el Parlamento. Pero los legisladores eliminaron por mayoría la palabra «género» del texto. ¿Cómo valora esto?

Congreso. Foto de El Clarín de Chile. —Hay un incremento en la participación dentro del parlamento de grupos confesionales muy conservadores. Esto no solo en Paraguay y en Brasil, pero principalmente se vio en estos dos países: durante el juicio a Dilma Rousseff, votaban invocando a «Deus». Las iglesias en general tienen una alta penetración actual en la clase media y en la clase alta en Paraguay, con este discurso muy fóbico a todo lo que signifique opción sexual, a colocar el tema del aborto, el tema de las relaciones homosexuales, a la educación en la sexualidad, a la injerencia —como llaman ellos— de políticas públicas en favor de la educación de los jóvenes y los adolescentes. Entonces, hay un puritanismo extremo que ha aumentado cuantitativamente en estos espacios. Al menos en Paraguay, se han dado procesos de retroceso en relación al periodo de la transición democrática inicial. Ahora pareciera que hay unos sectores dispuestos a repensar y reinstalar retrocesos, por eso es que el tema género ha sido satanizado y se ha construido un discurso oficial en relación a que esto es un plan internacional a través de Naciones Unidas para destruir a la familia.

—¿Qué alcance tiene ese retroceso?

—En Paraguay ya entendíamos que la familia tiene un carácter mucho más plural que papá-mamá-hijos. El 40% de los hogares están a cargo de mujeres solas, madres solteras, abandonadas o en concubinato, sin la presencia de la responsabilidad masculina en el cuidado y en el sostenimiento económico de la familia. Por eso, la migración de las mujeres paraguayas jóvenes por razones económicas a España, a Argentina, a Italia —en caso de las enfermeras— tiene un contexto histórico y profundiza el desmembramiento del concepto tradicional de familia. Hoy vemos a muchos niños y niñas cuidadas por la abuela, por la tía, por la vecina, por la amiga como parte de este desmembramiento social. Entonces, la hipótesis que parte de la familia ideal, de una sociedad ideal, donde los padres —madre y padre— transfieren los valores de la familia unida, en realidad no es así. Desde nuestra concepción, los que pensamos que tiene que haber una corresponsabilidad desde el Estado sobre el bienestar y los derechos de las personas, entendemos que las instituciones como la Escuela o el Colegio, son espacios que tiene la sociedad para llegar todos y colocar herramientas de una mejor convivencia personal y social. Ahí entra claramente con los jóvenes y adolescentes el tema de la educación de la sexualidad, de la educación sobre la tolerancia y la inclusión de todas las personas. Esas actitudes y habilidades para la vida, tienen que ser condiciones sociales. Aquí, los fundamentalismos lo que hacen es desvirtuar eso y crear un mundo de sectarismos, de desprecios y calificativos hacia las personas, que unas son mejores que otras, crean fobias sociales, que en realidad son muy destructivas.Esperanza Martínez, senadora, presidenta del Frente Guasú y vicepresidenta del Partido de la Participación Ciudadana.

—El debate sobre el concepto feminicidio fue muy interesante.

—La palabra feminicidio fue resistida por los legisladores abogados que decían «finalmente es asesinato agravado y no necesita por qué tener ningún nombre propio». ¿Cuál fue nuestra respuesta? ¿Por qué entonces el abigeato, que es el robo de ganado tiene un nombre propio? Tiene un nombre propio porque esta es una sociedad ganadera y porque el ganado siempre fue más importante que las personas. Una mujer asesinada por su pareja por razones culturales se llama feminicidio ¿y eso no es correcto? Se acabó la discusión y se logró colocar el término feminicidio. Se puede ver desde el punto de vista aséptico de mirar la ley, pero cuando se empiezan a interpelar los debates reales que hay detrás de una ley, los intereses que se ocultan, las relaciones de poder que existen y la importancia de darle un valor social a esto que se llama asesinar a mujeres por razones ideológicas de superioridad del hombre sobre la mujer, de intención de propiedad del hombre sobre la mujer, entonces en realidad allí se pueden ir sacando algunas cosas importantes en el debate. Hoy, casi todos los feminicidios son colocados en la prensa con su nombre y recordándole a la gente: «miren, esto es un problema social». Muertes que ocurrían antes cada semana anónimamente como una mujer más que fue golpeada, acribillada, mutilada, acuchillada por su pareja y se colocaba como «crimen pasional». Ahora se habla de feminicidio. Empezó a debatirse sobre el fondo de la cuestión que es la relación desigual entre hombres y mujeres. Esta ley en particular tuvo esa gran ventaja de que fue ampliamente debatida.

—Los argumentos en contra de la Ley de Paridad surgen desde la derecha más reaccionaria hasta la izquierda más progresista. ¿Cómo debería tomarse que desde la izquierda se diga que la paridad solo va a favorecer a las mujeres de las clases más pudientes, a las mujeres de la burguesía nacional, y que es una distracción para no trabajar desde el congreso en la modificación de las desigualdades más estructurales?

—Es una argumentación que parte de una visión sesgada de la realidad electoral. Hoy la elección de los hombres también se basa mayoritariamente en la plutocracia y en las relaciones de poder. No hay representación de los sectores populares. Acceden a los cargos, específicamente del congreso (senadores y diputados) personas de un grupo privilegiado de la sociedad ligadas a los grandes poderes económicos, porque el sistema de selección tiene vicios de origen en nuestra sociedad y para llegar a estos niveles —con excepciones— hay que tener muchos recursos económicos. Las campañas, como no tienen un control de la publicidad, de los gastos eleccionarios, en realidad se disputan los grandes poderes económicos que colocan a sus candidatos, porque finalmente después es una inversión política para poder posteriormente mantener el control económico, político y social en su conjunto. Entonces, es una visión naif. No es cierto que hoy los hombres electos representen o respondan a los intereses de toda la sociedad. Responden a sus financistas. Para mejorar la calidad de la representación, tenemos que buscar mecanismos que mejoren las condiciones de la competencia electoral: control de la publicidad igual para todos. Entonces, no importa si un candidato es vendedora de yuyos u Horacio Cartes, el multimillonario, las oportunidades van a estar para la población en las mismas condiciones. Si no jugamos en controlar la plutocracia y el manejo de grandes poderes económicos en los sistemas electorales en realidad vamos a seguir igual: escasa o nula representación de los sectores populares y trabajadores, en relación a los grandes grupos económicos que controlan el poder. Entonces, en realidad es un sofisma, una mentira con apariencia de verdad, este argumento contra la ley.

—¿Por qué entonces una ley de paridad y no algo que busque un cambio más estructural?

—Porque son cuestiones complementarias. La ley de paridad, en el caso nuestro, va a tocar incluso a otros sectores y no solamente las elecciones políticas del congreso o de los gobiernos municipales y departamentales. El proyecto permitirá instalar condiciones efectivas para valorizar esta nueva relación democrática e igualitaria entre hombres y mujeres. En caso de aprobarse, apunta a un proceso de discusión y adecuación de la ley que nos va a llevar mucho tiempo, lo cual no quiere decir que mientras tanto no estemos trabajando por aquellas luchas políticas o luchas en el ámbito de la ley en términos de emancipación de la sociedad sobre un sistema capitalista que en realidad controla la vida de las personas a través del consumo, a través de los mecanismos del control de la producción y del trabajo de la gente, esa lucha es también necesaria y complementaria. No son excluyentes: la paridad no es una distracción, porque en realidad el sistema capitalista tiene una figura patriarcal histórica asumida y controlada desde una visión masculina de la sociedad.

¿La izquierda latinoamericana debería de apoyar la ley de paridad? En Argentina, hubo toda una discusión, porque la ley fue presentada desde el sector más conservador.

—En realidad nuestros compañeros de izquierda y progresistas también tienen internalizado el machismo como parte cultural histórica de toda la sociedad. El concepto de paridad interpela la disputa del poder; más mujeres ocupando cargos políticos implican menos hombres en cargos políticos. Esa es una disputa política, de espacio político. Es lógico que cree resistencia en los compañeros, y no solamente se da con la paridad. Se da con varias reivindicaciones feministas, en donde, a veces nuestros propios compañeros no acompañan estas cuestiones porque los interpela, porque implica una revisión de sus privilegios sociales que aunque lo planteen en términos genéricos para toda la sociedad, en realidad cuando afectan sus intereses, los defienden tan igual que los hombres que hoy pueden tener una visión desde la derecha, la izquierda o el centro.

—¿Cómo fue tomado el proyecto paraguayo en los espacios de izquierda o de su entorno?

—También se da el debate. Uno de los aciertos que se ha tenido con esta propuesta es que iniciamos la discusión hace dos años e hicimos un proceso con las compañeras. Logramos sentar a todos los partidos políticos en torno a esta ley y logramos algo que en otras propuestas no se ha logrado: una de las habilidades de las mujeres es la de unirnos con objetivos comunes y trabajar juntas. La ley fue firmada por Lilian Samaniego, que estaba saliendo como presidenta del Partido Colorado, el partido mayoritario e histórico del Paraguay y también estaba firmado, por el presidente del Partido Liberal de entonces, el Senador Tito Saguier. El empoderamiento de las mujeres que interpelaba en el interior de sus partidos a sus senadores y a sus diputados fue muy enriquecedor. El Partido Colorado llegó a realizar una reunión con casi 800 mujeres coloradas con el presidente Horacio Cartes y le hicieron prometer públicamente que él sancionaría la ley si pasaba las dos cámaras. Y Cartes se tuvo que comprometer. En otro evento en Concepción donde había mujeres de todos los sectores —gremialistas, estudiantes universitarias, sindicalistas, cooperativistas, médicas, docentes— apareció un diputado colorado y frente a las 200 mujeres se comprometió a apoyar a ley. El comentario de su colega partidario, decía: «Cuando en Asunción se enteren, lo van a linchar», pero en realidad la interpelación que han recibido de las compañeras, es lo que ha logrado esta instancia. Decía otro parlamentario del Partido Liberal: «dame voy a firmar el dictamen, porque mi esposa me dijo que no entro a casa si no firmo». Lo decía en forma de chiste, pero su esposa es militante feminista. En realidad, ese trabajo de empoderar a compañeras de todos los partidos e interpelar a los compañeros ha creado un sistema propicio porque al principio teníamos solo firmas de mujeres y al final, el proyecto se presentó con firmas de hombres y mujeres. Es decir, en todos los sectores, este proceso de empoderamiento ha sido muy importante, para lograr que los compañeros —aunque no estén de acuerdo— hoy entiendan que ya no es políticamente correcto oponerse a esto. Es una ambivalencia que, seguramente, si se llega a sancionar la ley, va a producir una catalización social muy importante, que será beneficiosa.

Fotografías de este artículo: Luis Vera

Imagen intervenida: gliphos

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