Un golpe a la libertad de las mujeres

  • Foto: Michel Temer. Foto: Valter Campanato, Agencia Brasil.
Verônica Ferreira - Déborah Guaraná - Paula de Andrade
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Verônica Ferreira - Déborah Guaraná - Paula de Andrade
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En los últimos años, se extiende una nueva ola de odio a las mujeres en Brasil. Una ola rompiendo incluso con más fuerza en las luchas que se presentan como feministas. Instalado de forma continua y por diferentes medios, este odio ya impregnaba la crisis política que se extendió por Brasil desde finales de 2014 y que culminó con el golpe político de 2016: desde el parlamento brasileño, contra la presidenta elegida Dilma Rousseff.

En las primeras horas de 2017, en la ciudad de Campinas, Sao Paulo, la técnica contable Isamara Filier y ocho mujeres de su familia fueron asesinadas. Los crímenes, como lo demuestran las cartas dejadas por el criminal —autor de la masacre y ex marido de Isamara— expresan el terror que caracteriza la violencia de un crimen de odio hacia las mujeres. Isamara registró en la policía denuncias contra su marido por agresión y amenazas, y por abuso sexual contra su hijo. Aún en la misma semana de enero, en la ciudad de Feira de Santana, Bahía, cinco mujeres fueron asesinadas: todas ellas eran hijas y parientes del agresor, que sigue en libertad.

Esta violencia de alta intensidad contra las mujeres también es denunciada por las mujeres de otros países de América del Sur. En Argentina, en octubre de 2016, el colectivo Ni Una Menos, convocó a un paro para poner fin al feminicidio en varias ciudades argentinas, que se extendió en la región.

En Brasil, durante el mismo período, las movilizaciones de mujeres denunciaron el aumento de las violaciones en varias ciudades, en un año marcado por varias manifestaciones sociales que criticaron fuertemente el proceso de acusación desencadenado contra la presidenta electa. Lo que llama la atención en las movilizaciones de las articulaciones locales y nacionales del movimiento feminista brasileño, además de las acciones de resistencia al «golpe jurídico, parlamentario y de los medios de comunicación imputado contra Dilma Rousseff» es el carácter de denuncia pública de las feministas acerca de la violencia machista contra Dilma como uno de los principales instrumentos para su posición política.

De acuerdo con María Betania Ávila, socióloga y investigadora de SOS Corpo - Instituto Feminista para la Democracia, para deponer a una presidenta se activan todos los tipos de violencia sexista y misógina. Recuerda, por ejemplo, que desde la campaña presidencial de 2014, expresiones misóginas y racistas ya se mostraban como arma de confrontación de las fuerzas políticas conservadoras contra las propuestas de candidatura de Dilma: «Después de la victoria de Rousseff en las encuestas, estas fuerzas, no conformes con la derrota, violan varias normas del proceso electoral democrático, intensificaron los ataques.» Para ello, dice la investigadora, utilizaron todas las formas de prejuicio contra las mujeres de forma recurrente, buscando forzar una descalificación personal.Manifestantes intentan acceder al Palácio del Planalto. La policía los reprime. Foto: Marcello Casal Jr., Agencia Brasil.

En 2016, una de las revistas de gran circulación presentó en su portada el rostro de Dilma con el titular «Las explosiones nerviosas de la Presidente». Para Ávila, la violencia sexista, a nivel simbólico, se presenta desde esta descalificación política e irradia como una amenaza para todas las mujeres. Durante ese año, se agravaba violencia contra las mujeres en la vida cotidiana. Jessica Barbosa, estudiante de derecho y feminista de la Colectiva Feminista Diadorim (Recife), recuerda: «Llegaron a poner a disposición en Internet una pegatina de coche que simulaba una violación de la presidenta».

La votación que inició el juicio político contra Dilma en la Cámara de Diputados comenzó el 17 de abril de 2016. Desde entonces y hasta junio, la agencia nova/sb investigó la intolerancia en las redes sociales en circulación en Brasil en busca de manifestaciones de racismo, homofobia, posicionamiento político, entre otros. De los 393.284 mensajes y textos capturados por el algoritmo utilizado en la encuesta a través de Internet, el 84% tenían enfoque negativo; contenían expresiones de prejuicios y discriminación. El segundo tema con mayor número de mensajes fue la misoginia. El expediente señaló que esta discriminación «así como ocurre con las demás, obtiene una mayor proporción en el entorno digital, ya que hay una línea muy fina entre lo que es la libertad de expresión y lo que es el discurso del odio». El estudio concluye que «Internet ofrece más espacio para que las personas puedan decir lo que quieran, pero se abre ampliamente la desigualdad de género existente en todos los ámbitos de la sociedad». En las redes sociales, la encuesta encontró que el acoso, la pornografía por venganza, la incitación a la violación y otras formas de violencia contra las mujeres son a veces disfrazados de «chistes» que son compartidas.

El fatídico 17 de abril en la Cámara brasileña, locales llenaron las calles y las redes de asombro. En la visión de Betania Ávila, fue una escena que horrorizó al mundo, y gracias a la Intenet, se pudo ver en tiempo real, sin cortes ni ediciones. A cada declaración, voto por voto, los señores parlamentarios se pronunciaron expresando motivaciones privadas, a veces de naturaleza religiosa, a veces la familia, o ambos, que fueron todos embalados en expresiones machistas dirigidas al entonces presidenta Dilma. Legisladores brasileños que votaron por el juicio político estaban revelando la materialidad del patriarcado. «¡Y cómo son misóginos los hombres que se dicen representantes del pueblo!», dice Betania.Brasilia-DF, 04/11/2015. Presidenta Dilma Rousseff. Foto: Roberto Stuckert Filho/PR.

El golpe contra Dilma, en opinión de la feminista Nilde Souza, residente en la ciudad de Belém, en el estado de Pará, y coordinadora de la Articulación de Mujeres Brasileñas, expandió el terreno para expresiones cotidianas de discriminación de género, de clase, de discriminación racial y contra la población LGBT. Souza recuerda la filósofa alemana, Hannah Arendt: «El mal no es de la naturaleza humana, sino que necesita de condiciones políticas e históricas para ser viable».

Para la feminista paraense, el exterminio de los pueblos indígenas y tradicionales, la esclavitud moderna, la violencia contra los pobres, la población negra, LGBT y los habitantes de la periferia urbana, nada de esto ha causado tristeza, ira o conmoción en la sociedad. Señala que estas actitudes personales de abandono e indiferencia hacia los demás —que pierde su calidad de ser humano y pierde la capacidad de tener derechos garantizados— es un reflejo de una sociedad en la que se trivializa el mal.

En opinión de Verónica Ferreira, militante de la Articulación Feminista Marcosur, el asalto al poder por medio de un golpe parlamentario contra la presidenta Dilma fue destinado a capturar todos los fondos del Estado por las élites económicas. Los intereses económicos que dominaron la escena política brasileña desde 2014 fueron explícitos en la ruptura democrática que permitió la posesión de Michel Temer, que en las primeras y posteriores medidas dio prioridad a la privatización de los bienes públicos; una enmienda constitucional (ya aprobada por el Congreso) fue destinada a la congelación, durante 20 años, de la inversión pública en salud y educación, así como las propuestas para la reforma laboral y de Seguridad Social con la retirada de los derechos de la mayoría de la población.

Tratando de entender el movimiento de estos intereses económicos en el contexto brasileño, la socióloga Silvia Camurça, de SOS Corpo, señala que con la crisis económica las grandes empresas internacionales trataron de apropiarse de una mayor parte de los fondos públicos, lo que requiere fondos asignados originalmente a las áreas sociales. Este es el caso de la política de Previsión Social: bajo el discurso de déficit, el gobierno Temer trata de promover una reforma devastadora.

Las venas abiertas...

Antes del golpe en Brasil, en 2009, fue depuesto y expulsado del país el presidente de Honduras. En Paraguay, tres años más tarde, el juicio político, precedido por una matanza, destituyó del poder en menos de 48 horas el presidente Fernando Lugo. Para Clyde Soto, investigadora en el Centro de Documentación y Estudios - CDE, con sede en la capital de Paraguay, «los golpes de Estado en Brasil y Paraguay fueron operaciones políticas no casuales y tenía el claro objetivo de la toma del poder estatal por las derechas amenazadas, limitadas o privadas de los beneficios y privilegios que siempre se han considerado sus derechos».

La trabajadora social Silvia Marques Dantas, integrante del Foro de Mujeres de Pernambuco, una articulación departamental de mujeres, explica el contexto actual en Brasil señalando que reducir las democracias y disminuir los derechos son una estrategia que remonta a las prácticas coloniales que en otros tiempos se expresaron en forma de esclavitud y dictaduras.

Quien complementa esta idea es la articuladora de la Iniciativa Negro para una Nueva Política de Drogas e integrante del Colectivo Palmarindo, Juliana Silva: «El movimiento de las élites económicas neoliberales puesto en marcha en Brasil es la expresión contemporánea de la colonización y la esclavitud, disfrazadas de políticas modernas que favorecen a los empresarios y promueven una reducción de las funciones estatales en la promoción del bienestar de calidad».

Según Silva, esta otra dimensión del Estado neoliberal que necesita ser observada, especialmente en América Latina: la expresión del patriarcado racista y clasista a través de un estado autoritario y punitivista, para los cuales el 99% de la población no tiene derechos.

Mas allá del odio a las mujeres, considera que la actual estrategia puesta en marcha en Brasil es la promoción de expresiones de odio en los medios de comunicación hegemónicos elitistas. ¿Y cuál es el significado de este discurso? Según Silva, difundir la ideología neoliberal que asocia la financiación de la política social de al vagabundeo, negando a las mujeres, a la población negra, los pueblos indígenas y las personas que trabajan en general, el acceso a los derechos fundamentales y, por lo tanto, a la dignidad humana.

Foto: Michel Temer. Foto: Valter Campanato,

Agencia Brasil

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