Si nuestro norte es la emancipación de la sociedad, el feminismo es nuestra necesidad

Este año, el feminismo en Chile, como en gran parte del mundo, logró interpelar a las fuerzas políticas transformadoras por una mayor democracia. En este contexto seguimos viendo latente la compleja la relación entre feminismo e izquierda. ¿Pueden entenderse los problemas que devela el feminismo contemporáneo como asuntos separados de la clase trabajadora?

 

Un tremendo aporte sobre el vínculo izquierda y feminismo lo han elaborado teóricas como Lise Vogel, Cinzia Arruzza, Tithi Bhattacharya, entre otras feministas socialistas, en la Teoría de la Reproducción Social[1], poniendo en el centro del debate un tema tan relevante acerca de cómo la fuerza de trabajo llega a estar en condiciones para poder realmente desarrollarse en el mercado laboral y producir valor. ¿Cómo se produce la fuerza de trabajo en sí? El desarrollo de esta elaboración teórica muestra cómo la producción de bienes y servicios –y la producción de la vida misma– corresponden a un sistema integrado. Como ha descrito Battacharya, dicho proceso de reproducción de la fuerza de trabajo se da por tres procesos interconectados:

 

(1) las actividades de regeneración de la fuerza de trabajo: cama para dormir, comida, cuidados psicológicos, etcétera;

 

(2) actividades de regeneración de los no- trabajadores de la sociedad: niños, discapacitados, adultos mayores;

 

(3) las actividades de reproducción de nuevos trabajadores a través del parto y los cuidados de la primera infancia.

 

 

Todas estas actividades son desarrolladas principalmente por mujeres y cuerpos feminizados, y generalmente no son consideradas como actividades relevantes para el proceso productivo. Son, por tanto, “desechadas”, muchas veces desde las mismas izquierdas, cuando se trata de reivindicaciones y luchas sociales. Comprender estos procesos nos permite comprender el concepto de clase trabajadora de una manera más dinámica y, por tanto, cómo estas luchas también son anticapitalistas, al comprender el trabajo más allá del salario.

Esta comprensión unitaria de las diversas formas de opresión que se desarrollan en el capitalismo permite entender el desarrollo de las luchas feministas situadas históricamente. El neoliberalismo descansa hoy sobre el cuerpo de las mujeres, tanto en su ingreso al mercado laboral como en las labores reproductivas biológicas y de cuidados que son entregadas a los cuerpos femeninos en la estructura capitalista. Pasar esto por alto, nos ha llevado a dos grandes errores en la izquierda contemporánea:

 

  1. Desechar el concepto de clase trabajadora en pos de “nuevos sujetos revolucionarios” desanclados del rol que cumplen en el sistema capitalista, a través de una sectorialización, que no es sino la división escatológica que genera el propio neoliberalismo. Por ejemplo, la consideración de que los migrantes, estudiantes, indígenas, mujeres son sujetos disímiles y sus luchas son aisladas entre sí.

 

  1. El rechazo de la izquierda tradicional a aquellas luchas que no son estrictamente salariales, por no considerarse como anticapitalistas, y con ello, una negativa a la construcción de un feminismo socialista que sea capaz de visualizar la totalidad de las opresiones que vive la clase trabajadora. Las frases sobre “contradicciones primarias y secundarias”, y “esos son problemas que resolveremos después de que llegue la revolución” son claros ejemplos de un entendimiento de las mujeres como sujeto ajeno a la clase.

 

Claramente, la clase no está ajena a las opresiones de raza y género. No somos, por un lado, trabajadores, por otro, mujeres y por otro, migrantes. Nuestro cuerpo asume la totalidad de las opresiones y explotación propia de la estructura capitalista. Como señala Arruzza, la opresión de género ofrece un poderoso instrumento de división de clase, la creación de jerarquías en su seno, y un potente control ideológico. Por otra parte, autoras como Silvia Federici ilustran cómo las labores domésticas no remuneradas, las labores de cuidados, así como el endeudamiento moroso que es principalmente asumido por los cuerpos femeninos para alimentar y cuidar a sus familias, corresponden a nuevas formas de acumulación originaria.

 

 

Los partidos y el uso del feminismo

En Chile, la irrupción feminista genera la circulación del significante “feminismo” como un adjetivo del cual todas las organizaciones políticas deben hacerse cargo. Desde hace algunos años, diversos partidos comienzan a conformar sus núcleos o frentes feministas. Todos los sectores políticos han tomado nota de la emergencia feminista y han sabido encontrar allí una posibilidad de renovarse y ganar algo de legitimidad en un contexto general de descrédito de la política y crisis de representación. Es por ello, que desde la extrema derecha al Frente Amplio (coalición chilena, progresista y de izquierda), no hay grupo que no se haya visto forzado a pronunciarse a favor del movimiento feminista e incluso a declararse feminista, con todos los acomodos y deformaciones que el concepto aguanta.

Sin embargo, más allá de la retórica, la política se muestra bastante impermeable al feminismo y no parece claro que exista al interior de los partidos y movimientos fuerzas feministas capaces o dispuestas a abrir disputas que permitan alterar la distribución del poder, democratizándolo para modificar las formas tradicionales de hacer política en claves patriarcales. De este modo, se observa más bien un uso instrumental y superficial del feminismo, como estrategia de renovación discursiva, pero una escasa voluntad de modificar las viejas prácticas de la política elitista y patriarcal que otrora procesaran otras luchas feministas en secretarías de mujeres o sus demandas como transacciones para otros acuerdos. Se observa también que esta disposición de “impermeabilidad” respecto del feminismo atraviesa no solo a los partidos tradicionales, sino también a los nuevos referentes, a pesar de sus declaraciones.

En definitiva, existe una alta probabilidad de que el feminismo sea utilizado de una manera superficial y cosmética para oxigenar a los partidos y darles una cara más moderna y acorde a los tiempos. En términos concretos, esto puede traducirse, por poner un ejemplo, en que para los próximos procesos eleccionarios se avance a la presentación de listas paritarias y se aumente la cantidad de mujeres en cargos de representación popular o en puestos de dirección de reparticiones públicas, sin que ello signifique, aun con la presencia de más mujeres, una democratización del poder y una alteración sustantiva de las clausuras antidemocráticas de la política tradicional.

 

 

Ante este riesgo, las feministas debemos luchar por un feminismo socialista que se exprese como política sustantiva, y no como un mero agregado a esta política tradicional. Tenemos la potencia de articular hoy las diversas luchas de una clase trabajadora disgregada, pero que se levanta una y otra vez contra la precarización de la vida que nos impone el sistema neoliberal. Para ello necesitamos una izquierda fortalecida, que no contribuya al éxodo masivo de nuestras compañeras de las organizaciones políticas hacia el separatismo, sino que comprenda la politización de sus prácticas cotidianas y su estrategia revolucionaria desde el feminismo como una herramienta para entender la totalidad.

No es posible sentar bases para la resistencia y revitalización del poder de la clase trabajadora hoy sin el feminismo. La lucha de las mujeres está presente en todos los movimientos sociales, rebelarnos al particularismo al cual nos ha relegado el feminismo liberal a través de un “ser mujer” universal, abre paso a dicha revitalización. Muestra de ello son las huelgas de mujeres que se han levantado y seguirán levantándose los 8 de marzo en todo el mundo, la lucha por el aborto libre y los derechos sexuales y reproductivos reivindicados por las amplias mayorías de la sociedad en países como Argentina, y que recibe muestras de apoyo y solidaridad desde un internacionalismo de nuevo tipo. También lo es la amplia articulación de mujeres campesinas, estudiantes y sindicalistas que hoy impugna la revolución traicionada en Nicaragua, buscando el fin a la represión y la recuperación de la democracia. Si nuestro norte como fuerzas políticas transformadoras es la emancipación de la sociedad, el feminismo es nuestra necesidad.

 

[1] Véase: Battacharya, Tithi. ¿Qué es la teoría de la reproducción social? https://marxismocritico.com/2018/09/18/que-es-la-teoria-de-la-reproducci...

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