¿Qué parte no entendiste, la N o la O?

Hace 20 años, en las postrimerías del siglo XX, como feminista de ese tiempo escribía preguntándome por el devenir de las niñas de esos años, las jóvenes y mujeres de hoy, y por la herencia del feminismo para las nuevas generaciones. Indudablemente, decía, se trata de una «herencia sin testamento», que exige de iniciativas nuevas de parte de aquellas que la reciben, para seguir avanzando.

Hoy, Chile se ha visto remecido e interpelado por la subversión feminista más multitudinaria de su historia, protagonizada por jóvenes estudiantas escolares y universitarias, creativas, arrojadas, combativas. Los medios de comunicación hablan de la primera gran revolución y rebelión feminista del país, del «tsunami feminista», de la ola feminista que altera el orden establecido y de momento histórico sin precedentes.

La ráfaga de indignación de mujeres acosadas y abusadas que recorre el mundo y que partió con los movimientos Ni una Menos, #MeToo, entre otros, también llegó a Chile. Durante mayo de 2018, entre 20 y 25 universidades, públicas y privadas, estuvieron en tomas o paros en protesta por los abusos sexuales y violaciones por parte de profesores y compañeros, a lo que se han sumado la desigualdad salarial, los feminicidios brutales, el derecho al aborto y la exigencia de una educación no sexista.


La chispa

La pradera se incendió el 17 de abril en la Universidad Austral, en la ciudad sureña de Valdivia, donde se acusaba de acoso sexual a un profesor al que no despidieron sino que solo lo cambiaron de puesto. En protesta por esta decisión, las estudiantas tomaron la universidad. Unos días después fue el turno de la prestigiosa Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, en Santiago, en la que se acusaba de acoso sexual al profesor y ex presidente del Tribunal Constitucional.

Durante mayo la protesta se propagó por todo el país. Se sucedieron los paros, tomas de colegios y recintos universitarios y marchas multitudinarias. Contaban, según las encuestas, con el apoyo de 71% de la ciudadanía.

Los tiempos cambian y hoy esta «tercera ola» feminista ha permitido que sea un orgullo para las jóvenes de distintas edades el llamarse «feministas». Las imágenes más emblemáticas de las manifestaciones han sido las de muchachas con los pechos desnudos afirmando «mi cuerpo es mío» y recordando que la dominación masculina empieza precisamente en sus pieles.

La llamada «primera ola», en los años 30, consiguió el voto femenino en las elecciones municipales, y en 1949 el parlamentario y presidencial. La «segunda ola» estuvo marcada por el movimiento que combatió la dictadura en los 80 y luchó por volver a la democracia exigiendo «democracia en el país, en la casa… y en la cama».


Apoyo de personalidades

La irrupción de esta «tercera ola» feminista, que nos ha sorprendido y emocionado a las feministas de antaño, ha suscitado el apoyo de diversas organizaciones y personalidades. Cincuenta mujeres firmaron una carta de apoyo (véanse adjuntos) en favor de las estudiantes feministas: «Agradecemos que mantengan viva la lucha». Entre las signatarias se encuentran la ex ministra de Salud María Soledad Barría y la primera subsecretaria de Derechos Humanos Lorena Fries. En ella manifiestan su aprobación de las tomas de escuelas y facultades: span class="Italic">«un hecho simbólico de gran importancia que pone al descubierto las relaciones autoritarias y jerárquicas en las universidades y las diversas formas de exclusión que afectan a las mujeres de todos los estamentos». 

La ex presidenta Michelle Bachelet se manifestó de la siguiente manera: «Como mujer, he visto con emoción lo que han logrado las chilenas. Las que se han organizado, las que han marchado, las que han hecho oír su voz individual o colectivamente: todas ellas han dejado en claro que no hay razón para seguir tolerando ni los abusos ni las injusticias. Me emociona porque sé de cuán lejos viene esta lucha; de cuántas Eloísas, Amandas, Elenas y Julietas hemos necesitado para llegar hasta la posibilidad de aspirar a transformaciones de fondo»

El gobierno

Esta eclosión ha obligado al gobierno derechista de Sebastián Piñera a salir con una batería de 12 medidas de corto plazo que abogan por la igualdad entre hombres y mujeres. Contempla la sanción con máxima urgencia de los proyectos sobre violencia en el pololeo; la elaboración de un plan de asistencia técnica y acompañamiento dirigido a todos los centros de estudio a fin de establecer protocolos contra acosos, abusos, discriminaciones y malos tratos; y la promoción de la participación de mujeres en cargos de alta responsabilidad en el sector público, privado y académico además de fomentar las carreras científicas y tecnológicas. 

Resulta paradojal, sin embargo, que quienes se opusieron al divorcio, a la píldora del día después, al aborto, entre tantos otros, aparezcan promoviendo una Agenda de Equidad Género, que a pesar de las medidas a las cuales se compromete, no recoge ninguna de las propuestas que exigen las jóvenes y no se pronuncia por la educación no sexista, que atacaría desde la cuna a la cultura machista.


Petitorios y logros

Las universitarias han expresado su rechazo al sistema imperante que reproduce los estereotipos de discriminación y violencia contra las mujeres en todos los centros de educación, así como en el trabajo, en la calle y en el hogar. Exigen la adopción de petitorios o protocolos que sancionen todo tipo de violencia, la formación de profesores y estudiantes en la problemática de género, la presencia de autoras en las bibliografías, la autorización para las y los transexuales de usar su nombre social y medidas para favorecer las carreras de profesoras e investigadoras.

En el caso de la Universidad Austral, de Valdivia, la Rectoría aceptó el petitorio, elaborado entre decenas de personas y sometido a voto en diferentes instancias, que contempla la creación y el financiamiento de un Observatorio de Género, Diversidad y No Discriminación; la implementación de un lenguaje no sexista en los planes y programas de asignaturas, la creación y financiamiento de una secretaría de género por facultad, la instalación de mudadores en los baños para los estudiantes padres, entre otros.

El 13 de junio, la Rectoría de la Universidad Diego Portales, una de las universidades privadas más prestigiosas del país, firmó un acuerdo aceptando casi la totalidad de los puntos del petitorio de las estudiantes. Entre ellos, la autorización del uso del nombre social de los y las estudiantas y funcionarios trans, además de nuevos protocolos para el tratamiento de las denuncias de acoso sexual, junto con la creación de un departamento de género. Las autoridades de la universidad se abrieron a la utilización de las letras «e» y «x» en reemplazo de las vocales diferenciadoras de género. En consecuencia, en pruebas, ensayos u otros trabajos, los alumnos y alumnas podrán escribir simplemente «alumnes», «nosotrxs». 


En el caso de la Universidad Católica de Chile, la más conservadora del país, se lograron tres acuerdos clave con la Rectoría: crear una unidad especializada en apoyo y acompañamiento a víctimas de violencia sexual y de género, así como respetar el nombre social de las y los estudiantes transgénero e implementar baños neutros o mixtos en los campus, y el compromiso de regularizar la situación de los trabajadores y trabajadoras subcontratadas.

Respecto al lenguaje no sexista, las y los estudiantes tanto universitaries como secundaries ya comienzan a utilizar las palabras «compañeres», «todes», «elles» y «nosotres» y en las redes sociales escribir con «x» o «@» para evitar usar el género masculino cuando se refiere a ambos sexos.

El 18 de junio, en una marcha organizada hacia la Casa Central de la Universidad de Chile, estudiantas, académicas y funcionarias vestidas de negro y con pañoletas moradas hicieron entrega de su petitorio al Rector de esa casa de estudios. La marcha estuvo acompañada por una orquesta de un centenar de mujeres de la universidad. Son logros, avances que están consiguiendo estas jóvenes feministas de la «tercera ola», aunque en sus demandas profundas reclaman la total autonomía sobre sus cuerpos y sus proyectos de vida.

Bachelet comentaba: «las mujeres podemos empujar esta transformación cultural. No sólo porque somos más del 50% de la población. No sólo porque la justicia y la historia está de nuestro lado. También porque, como en pocos temas, hay una pertenencia colectiva que va más allá de las fronteras, más allá de las divisiones partidistas y más allá de las generaciones»


Feminicidios y velatón

A pesar de la amplia exposición pública que han tenido las movilizaciones feministas que invadieron la agenda mediática, las conversaciones en la calle, en las instituciones y en los hogares, hay que lamentar cinco feminicidios ocurridos en tan solo 36 horas.

La noche del 14 de junio, decenas de mujeres se manifestaron frente al Palacio de La Moneda, sede del gobierno chileno, encendiendo velas en protesta por la violencia machista que asesinó a cinco mujeres en manos de sus parejas. La consigna principal fue «contra la sociedad patriarcal: igualdad en el estudio, en el trabajo, en la calle, en la casa y en la cama». «Estamos aquí para rendirle tributo a la vida», enfatizaron.

Entretanto una veintena de universidades de Santiago y otras ciudades, además de colegios secundarios e institutos profesionales, permanecen ocupados por alumnas que exigen a las autoridades y al gobierno adoptar medidas para terminar con la violencia machista y serios castigos para los responsables. «Las muchachas, de hoy y de ayer, son parte de una historia que parece estar llegando a un punto decisivo. ¡Al fin!», concluyó Bachelet.

Nosotras, las feministas de antaño, conmovidas por este estallido de intensa luminosidad y esperanza en este frío otoño nos sumamos entusiastas a sus manifestaciones y voceamos con ellas «No, No, No es NO. ¿Qué parte no entendiste, la N o la O?».


Las consignas que se escuchan

«Abajo el patriarcado que va a caer, que va a caer. / Arriba el feminismo que va a vencer, que va a vencer»

«Ya nos quitaron tanto que acabaron quitándonos el miedo.»

«Somos las hijas de las brujas que no pudieron quemar.»

«No nací mujer para morir por serlo.»

«El sexismo es una enfermedad de transmisión social.»

«Nuestra mejor actuación fue hacerte creer que tu machismo nos hace bien.»

«Liberamos el cuerpo, la mente y los corazones.»

«Mi cuerpo es mío. ¡Yo lo quiero, yo lo cuido!»

«Contra la violencia machista, educación no sexista»

«Quiero escoger las manos que me toquen»

«Yo elijo cómo me visto y con quien me desvisto»

«No aceptamos protección para el cerdo acosador»


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Medea, por Ximena Aragone