La despenalización del aborto ya existe social y culturalmente

La ola verde. Esas tres palabras, tan presentes hoy en las conversaciones entre argentinos, denominan la fuerza, de apariencia irrefrenable, que está teniendo por esos lares el feminismo, en su lucha por el aborto legal, seguro y gratuito. Una ola que busca traducir la contundencia de ese movimiento y el verde del pañuelo que identifica la causa cuyo primer triunfo concreto llegó con el respaldo de la Cámara de Diputados. No hay que bajar la guardia, dice Silvina Ramos, una de las protagonistas de la campaña, porque todavía falta convencer a los senadores.


El grito y movimiento Ni Una Menos, originado en Argentina en 2015 como reclamo multitudinario contra los femicidios, impulsó en los últimos años la legalización del aborto como una de las principales banderas. El pañuelo verde, símbolo de la Campaña Nacional de Aborto Legal, Seguro y Gratuito que nuclea a decenas de organizaciones desde 2005, se multiplicó, salió de los espacios estrictamente feministas, se apoderó de las calles y también de los puños, las carteras, los cabellos y los cuellos de las mujeres que las transitan en su rutina. El color verde parece estar en todos lados.

Cuarta Marcha Ni Una Menos. 4 de junio 2018. Foto: cobertura colaborativa Matria _ Emergente.

Es feriado en Argentina y Silvina trabaja como cualquier otro día: apenas termine con la entrevista tiene pautada una conversación vía Skype para diseñar la estrategia para que el Senado argentino convierta en ley la despenalización del aborto. La media sanción de la Cámara de Diputados del 13 de junio es un hecho histórico en el país: el Congreso argentino nunca antes había votado la interrupción voluntaria del embarazo.

«Todavía falta el Senado, no hay que bajar la guardia; siempre ha sido una cámara difícil en general, y con esto en particular.» Eso es lo primero que se le escucha a Silvina. Minutos más tarde asegurará que, de todas formas, el discurso feminista a favor del aborto prendió tanto en la sociedad que el aborto ya está despenalizado culturalmente.

El proyecto de ley aprobado por Diputados luego de 23 horas de debate ininterrumpidas mientras miles de mujeres hacían vigilia en una Buenos Aires gélida. Antes, los parlamentarios de esa cámara había realizado una serie de audiencias en las que diversos referentes daban sus razones para el sí y para el no: 738 personas hablaron allí y todo el mundo lo hizo en los medios, en sus casas, en los colegios, en el trabajo. Antes de ello, el presidente Mauricio Macri, quien sostiene un posicionamiento público contrario al aborto, había habilitado el inédito debate en el Congreso.

—Parte del arco oficialista militó a favor de la ley dentro de Diputados. ¿Se puede ser feminista y pertenecer a un gobierno que representa a los sectores más conservadores y al liberalismo económico? ¿Visualiza tensiones?

—Depende de cómo se caracterice al gobierno de Macri. Pero yo prefiero pensar, más allá de la caracterización, en el impacto enorme que ha tenido el feminismo en el debate social y en el debate legislativo. Es una de las grandes y agradables sorpresas que hemos tenido todas. Desde hace muchos años venimos trabajando en esa dirección pero no tenía claro que el actual escenario se podía instalar con tamaña claridad y contundencia. Entonces, independientemente del posicionamiento político, la ola verde es realmente una ola verde en todo lo que eso significa en cuanto a cambio cultural. Lo importante para el feminismo es que hubo muchos actores políticos que observaron las demandas ciudadanas con una sensibilidad que no se veía.

Cuarta Marcha Ni Una Menos. 4 de junio 2018. Foto: cobertura colaborativa Matria _ Emergente.

—En tu interpretación, se logró que permeara verdaderamente un discurso favorable a la legalización del aborto.

—Sí. Igualmente esto es algo que vamos a visualizar con el tiempo. En este momento estamos subidas a la ola y la perspectiva es de otro tipo. Esta ola vino para quedarse y hay una conjunción de factores. No le quito mérito al presidente de la Nación por haber abierto el debate; es algo que tenemos que apreciar con la mayor objetividad posible. Independientemente de cuáles hayan sido sus razones, es el primer presidente en la historia de la democracia que habilitó el debate en el parlamento. Tuvimos 12 años de gobierno kirchnerista que hablaba de la agenda de derechos humanos y eso no fue posible.

Festejo en Diputados.

—Un gobierno progresista.

—Exacto. Por eso me parece que no ayuda mucho hacer ecuaciones de si sos de derecha o de izquierda, más o menos progre. Afortunadamente, en el tema del aborto atraviesa otro tipo de configuración política. Argentina es un claro ejemplo, los votos atravesaron los partidos políticos. Es cierto que unos partidos votaron mayoritariamente a favor y otros mayoritariamente en contra, pero atravesó a todos. Es meritorio de la democracia y también del feminismo, que consiguió anclar su discurso y sus demandas en un amplio abanico de actores políticos. Es una fortaleza de nuestro movimiento lo conquistado en el debate cultural. Me resulta particularmente conmovedor; algo así como que se hizo justicia con la historia del movimiento feminista.

—¿Cómo se llegó al debate en Diputados?

—Hubo una confluencia muy virtuosa de roles y funciones específicas para distintos grupos, instituciones, personas, movimientos que se ensamblaron de una manera muy bella y perfecta en la que cada una dio lo mejor de sí. Hubo una especie de división natural del trabajo que fue muy virtuoso para el desenlace. Algunas haciendo cabildeo y lobby en el Parlamento, otras produciendo información tanto para el debate social como para los legisladores, otras activando el movimiento desde sus bases y con los grupos comunitarios. Y luego hubo una explosión, que es lo que me maravilla, de los grupos más jóvenes.

—¿Cómo valoras el hecho de que haya tantas jóvenes con conciencia de género, tan movilizadas?

—Es el mejor legado que puede tener una feminista. No tengo dudas. Este fenómeno nos pertenece pero otra parte ya no nos pertenece, es parte de la virtuosa apropiación que hacen las jóvenes de la agenda feminista y eso es lo más potente. Podemos reconocer nuestro granito de arena en la historia pero no más ni menos que eso.

—Hay muchos años de militancia, de colchón.

—No surge de la nada. Es una sedimentación de experiencia, de trabajo, de muchos frentes. El del movimiento social, el de la academia, el del activismo más propiamente político, el de las periodistas, que fueron una usina de ideas y de amplificación de mensajes en todos los medios. Esto fue una enorme sorpresa, ver a periodistas comprometidos que hasta hace un año no te esperabas, muchos se hicieron voceros de la demanda con muy buenos argumentos.

Festejos tras la aprobación. Foto: cobertura colaborativa Nº 13.

—¿Se logró reflejar con solidez la argumentación construida desde feminismo?

—No tengo dudas. El debate fue muy desigual. La diferencia en la calidad de argumentos y de evidencia entre quienes apoyaban la ley y quienes no fueron abismales. Los discursos no se construyen de la noche a la mañana, son años de investigación, de reflexión crítica sobre nuestros propios argumentos. Es fruto de nuestro trabajo sesudo de muchos años. Pero también me gusta pensar, ir construyendo una versión de lo que nos está sucediendo. En los últimos años en Argentina el movimiento Ni Una Menos –en particular haber colocado con la fortaleza que se colocó el tema de la violencia contra las mujeres en el escenario político y en el movimiento social– ayudó centrípetamente, como un imán de muchas jóvenes que frente a la consigna «Nos queremos vivas» o «Ni una menos». ¿Qué mujer joven o adolescente no se va a sentir interpelada? Haber puesto en agenda ese tema con tantas fuerzas ayudó enormemente a poner en agenda el tema del aborto, lo transformó en un tema multitudinario porque viene de la mano del «viva nos queremos».

—En Diputados el argumento más reiterado fue el de la salud pública o «no más muertes». Sin dudas fue muy estratégico. Pero hace poco leía una reflexión que apuntaba a que se habló poco de autonomía, de deseo, de libertad sexual. ¿Qué opinas?

—Me gustaría hacerle más justicia al debate. No tengo tan claro esto que planteas, lo analizaría más. En el debate social, fuera de las paredes del Congreso, creo que el punto de vista feminista estuvo presente sobre todo en la movilidad social y un poco menos en los medios. En el debate en Diputados me siento cómoda con otro diagnóstico. En términos generales los argumentos de salud pública primaron sobre los de libertad y autonomía. Ahora, también creo que es cierto que los argumentos de libertad y autonomía estuvieron en el Congreso mucho más presente de lo que hubiera imaginado. De todos modos, creo que los argumentos de salud pública son los más convincentes desde el punto de vista del sentido común social y también más confortable para metabolizar y adherir por parte de los políticos que tienen responsabilidad sobre las políticas públicas. Justamente, en general las políticas públicas apelan a la equidad sanitaria, a la igualdad. Difícilmente se asienten en principios de autonomía y libertad, aunque no digo que no deberían hacerlo.

—En este tiempo de debate, ¿los grupos más conservadores o fundamentalistas religiosos ganaron en organización?

—Yo creo que andan cortos de ideas porque no paran de copiarnos. Son más reacción que acción desde el punto de vista de las consignas y los mensajes. Y eso suele suceder cuando vas perdiendo. No me deja de resultar sintomático que hayan tenido que sacar los pañuelos celestes, por ejemplo. También me parece que han quedado muy al descubierto: a pesar de que la Iglesia católica tomó la decisión de no mandar a los curas al debate, los laicos que enviaron eran personas con pocas sutilezas, muy fanáticas, apoyadas en el uso del terrorismo visual. Es difícil captar nuevas adhesiones con ese tipo de acción política. Es mi apreciación, es difícil no tener un sesgo, pero realmente creo que tienen pocas herramientas, pocos mensajes. Obviamente las evidencias no van a su favor, por lo que tienen un enorme déficit y lo único que pueden hacer es mentir. Y eso se nota mucho.

—¿Dice que la argumentaciones cientificistas y jurídicas de alguna manera son un calco del discurso a favor?

—Exacto. La matriz del discurso está copiada y lo que dicen es mentira. Y la verdad no es un problema de interpretación. En este mundo tan posmoderno, yo sí soy de las personas que sigue creyendo que la verdad es la verdad y la mentira es la mentira. Y que si mueren tantas mujeres por aborto es porque se muere ese número de mujeres por aborto. Y si se hospitalizan equis cantidad por aborto es así y si a una niña de 10 años se la fuerza a seguir con el embarazo es una maternidad forzada. Punto. Entonces, desde el feminismo tenemos la fortaleza que nos da la evidencia. Más tarde o más temprano el aborto se va a legalizar en Argentina porque la demanda ciudadana existe, porque los argumentos y la evidencia están ahí a nuestro favor y porque la dirigencia política se ha dado cuenta que estar con el futuro y no en el pasado es algo que se paga positivamente en política.

Festejo en Diputados. Foto: diputados.gob.

—¿Piensa que este debate tendrá impacto en la región como lo tuvo Ni Una Menos en América latina?

—Creo que sí y quiero creer que sí, las dos cosas. Sí porque venimos teniendo buenos sacudones. Si uno mira Chile, más allá de las limitaciones, la ley que se aprobó el año pasado fue un gran logro de las compañeras y marcó un antes y un después. Era uno de los pocos países de América Latina que penalizaba el aborto en todos los casos. Luego, venimos nosotras, todavía sin cantar victoria aunque independientemente de que salga la ley, la despenalización del aborto ya existe, existe social y culturalmente y eso más tarde o temprano tiene su repercusión en las decisiones políticas, no tengo dudas. Por otro lado, aun cuando la ley no salga, la política pública va a tener que cambiar. Dicho esto, me parece que puede haber un impacto en la región, básicamente con la idea de darnos ánimos e inspiración a las feministas latinoamericanas de que el trabajo persistente y la paciencia termina dando frutos. Y la inspiración no es poca cosa para un movimiento como el feminista. Ver cómo las muchachas jóvenes heredan y recrean nuestras consignas tampoco es poca cosa para un movimiento que siempre ha sido contracultural.

—Luego de esta discusión, ¿qué sigue en la agenda feminista?

—Me cuesta pensarlo porque estamos muy tomadas por el tema de la despenalización del aborto, que la deuda mayor del feminismo es esta porque es la que más profundamente ancla en nuestras autonomías y libertades. Las sociedades que han logrado resolver el acceso al aborto legal y seguro son sociedades en las que la posición de la mujer cambia. Y cambia radicalmente. Puedo pensar en otros temas, pero ninguno tiene la radicalidad y el impacto sobre nuestras vidas, nuestra autonomía y nuestra libertad. Sigo creyendo que nuestro nuevo desafío será hacer cumplir la ley. Entonces nuestro nuevo desafío será el acceso al aborto seguro, legal y gratuito con un marco normativo distinto. Ojalá así sea.

***

Cuarta Marcha Ni Una Menos. 4 de junio 2018.

Percepciones de una noche histórica1

Anoche seguí el debate en Diputados por internet hasta que a las cuatro y pico de la mañana, no pude mantenerme en pie y me fui a dormir.

Hubo un puñado de diputadas y diputados de distintos partidos con intervenciones magníficas, con todos los argumentos correctos, abrevando en distintas fuentes y decantando por distintas vertientes.

Otro montón de diputadas y diputados que votaron a favor usando unas argumentaciones de flojas a espantosas. Más o menos parecido a lo que vimos cuando fue identidad de género, gente que vota bien por todos los motivos incorrectos. Les falta información, formación y capacidad de pensar con un poco más de horizontes y de audacia.

Lxs diputadxs que votaron en contra fueron más uniformes: se escucharon demasiados discursos horrendos, tutelantes, religiosos, llenos de mentiras descaradas y de tergiversaciones, declaraciones de un conservadurismo galopante. Fue notable la facilidad para mentir. La apelación constante y mentirosa al discurso científico por parte de los antiderechos.

Fue notable también cómo de repente la derecha recurre a los tratados internacionales de derechos humanos, a los cuales siempre repudió y repudia aún entre otras cosas basándose en el argumento de la soberanía

Y para reforzar, no se privaron de ningún golpe bajo.

De lo peor de esta gente fueron lxs que una y otra vez se quejaron muy airadamente por el presupuesto que suponía que estaría comprometido por la legalización. Un mensaje clarísimo: la vida, la libertad, el bienestar, las decisiones de quienes abortan no valen el «gasto de dinero».

Del lado de lxs que votaron a favor, muy pocas menciones a la libertad, al sexo, al placer, a la autonomía, al Estado laico, al patriarcado, a la heterosexualidad obligatoria, a lo imparable de los desarrollos tecnológicos que permean la sociedad capilarmente (es decir, el acceso al aborto farmacológico no se puede detener ya de ninguna manera). De todo esto, lo que más me sorprende es la casi nula defensa del Estado laico, que no te requiere gran formación feminista, digamos, y que se supone un valor político transversal a varios sectores políticos.

Casi nula mención a los hombres trans y otras personas con capacidad de gestar que no son mujeres.

Y dentro del puñado de intervenciones magníficas, lo más emocionante y lo más justo fueron las menciones a los movimientos sociales y a la militancia que construyó esto como tantas otras conquistas poniendo el cuerpo, el trabajo, la organización, la creatividad, la perseverancia, la audacia. Nada viene desde arriba, todo se conquista desde abajo.

[1] Extracto de un posteo de Facebook de María Luisa Peralta,Investigadora, bióloga molecular y activista LGBTI.


Festejo en Diputados.

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