Elogio de la desobediencia feminista

  • Elogio de la desobediencia feminista
Argelia Londoño Vélez

«Elegir entre la mesura y la insolencia tiene que ver con estrategias políticas (...). La exigencia desde la dominación de ‘buenas maneras’ va más allá de una exigencia de cortesía, es un modo muy frecuente, por el contrario, de imponerle inautenticidad al rebelde, de hacerlo renunciar a su contra-cultura, a su ilegalidad y a su contra-lenguaje». Julieta Kirkwood, 1990.

Las desobediencias feministas son dispositivos contra-poder o contracultura, son maneras de decir basta, como un derecho que se ejerce, generalmente, desde abajo, a través de prácticas sociales y políticas. Desobedecemos a quienes ejercen o representan el poder, la dominación, la ley, la autoridad y sus mandatos en el orden de lo real y en orden simbólico. Desobedecemos porque percibimos un malestar en la cultura, un ordenamiento de los sexos desigual que habla mal de la construcción de lo humano.

Se desobedece de manera individual y colectiva, desde lo íntimo y lo privado, en lo doméstico y en lo público. Desobedecer es afirmarse en la oposición negándose a ejecutar una disposición incómoda, equívoca, injusta; es un oponerse abriendo la piel a nuevas formas de habitar el mundo, por esta razón es mal vista y es castigada; desobedecer es un apartarse de la norma, del modelo hegemónico, es una búsqueda.

Los feminismos son una desobediencia planetaria, dispersa, múltiple, imaginativa, tan oleaginosa que se adhiere al todo social, tan resbaladiza como una lluvia de estrellas; es un desobedecer creativo, propositivo, transformador con un horizonte ético común.

 

 

Es en el encuentro con las desobediencias al poder patriarcal que la vida cobra cierta tonalidad gozosa que la hace visible para sí; es una toma de conciencia sobre el sí misma y para otros; cuando desobedecemos, quizá, ingresamos en el frágil territorio de la soberanía, autonomía y de la libertad. De algún modo, la obediencia, el acatamiento de lo dado o percibido como normal o natural, es más fácil; remar con la corriente requiere menos esfuerzo.

Obedecer para las mujeres ha significado tragarse la lengua, mirar el silencio, ser virtuosa y sexi, saber comportarse y ser seductora, cerrar y abrir las piernas, desnudarse y ser recatada, asumir los mandatos patriarcales que parecieran paradójicos y contradictorios, sin embargo, todos ellos nos presentan modos del ser, sentir y estar en el mundo como demanda el poder patriarcal.

Los feminismos son una propuesta de una ética de la desobediencia, que trasciende a la poderosa desobediencia civil porque se hace cuerpo insolente y red inteligente de motivos y razones lanzados desde diversos lugares del planeta y desde todas las glaciaciones.

Caminamos los siglos retando al patriarcado, llámelo machismo, sexismo, discriminación, hemos estado en todos los lugares y acompañado todos los procesos libertarios: en la cama, en la casa, en la calle, en las esquinas, en las plazas, en los campos, en la academia, en las guerras y contra estas, con la acción directa, con el pensamiento, con la vida y la obra.

Aquí estamos las igualadas, las alzadas, las respondonas, las altaneras, las descaradas, las envalentonadas, las alebrestadas, las insolentes, las arrogantes, las raras, las extravagantes, las voluntariosas, las brinconas, las ojibrotadas, las perdidas, las volantonas, las quisquillosas, las indiscretas, las bullosas, las malas compañías. Las memoriosas, las guardianas de los hechos de todos los tiempos, rescataron de la penumbra la presencia de mujeres poderosas y brillantes; cada país tiene sus heroínas, sus transgresoras, cada pueblo sus damas notables y sus líderes populares.

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Reconocemos a las historiadoras, poetas, escritoras, escultoras, compositoras y músicas que han cantado sus vidas.

Aquí llegan, por oleadas, a esta mesa de múltiples aristas, las emancipadas, las rebeldes, las sediciosas, las subversivas, las insubordinadas, las disidentes, las insurgentes, las insurrectas. Las desobedientes atravesamos continentes, venimos desde lugares remotos, rodamos carreteras y selvas, imaginamos el arco iris, nuestra voz rodea el planeta, aventureras navegamos por todos los mares, cogemos trocha, trepamos montes, somos mujeres de varios mundos.

Estamos aquí desde María Magdalena, honrando su íntima amistad con Jesús; reivindicamos su figura protagónica y preguntona; con el movimiento igualitarista de Jesús marchamos por las catacumbas con las primeras cristianas hasta encontrar las redes de teólogas ecuménicas con su hermenéutica de la sospecha y sus miradas transgresoras de las mujeres bíblicas y de los libros sagrados.

 

Algunas desobedecieron en la soledad de sus celdas y en sus habitaciones propias, leyendo y escribiendo cánticas, décimas, cartas, redondillas, diarios, poesía mística, otras novelaron la vida de las ancestras y sus culturas. Nos deslizamos en los conventos, en las órdenes religiosas, en los claustros, en sus bibliotecas. Somos Catalina de Siena, Santa Teresa de Ávila, Santa Teresita de Lisieux e Hildegarda de Bingen, somos las místicas, vírgenes escritoras, somos las doctoras de la iglesia pese al obstat sexus (el sexo lo impide).1

 

Somos Sor Juana Inés de la Cruz2 y también Josefa del Castillo, gozosas en su búsqueda de lo absoluto y el fuego del amor, visibilizamos sus palabras y sus obras, heredamos su debilidad y su fuerza profunda, respetamos y enaltecemos su presencia en nuestras vidas y reconocemos su autoridad y sabiduría.

Somos diosas, pertenecemos a diferentes olimpos, somos brujas, curanderas, yerberas, magas, hechiceras y parteras de todos los pelambres, tenemos conocimientos prácticos sobre el nacer, el sanar, el crecer y el morir, nos encantan los aquelarres, las cábalas y conjuros, danzar con nuestros demonios, disputar con nuestra propia sombra, bebernos todos los vinos y escanciar todas las pócimas.

Las iglesias nos cazaron como fieras, nos llamaron herejes y maléficas porque temían nuestra sabiduría, nuestros sexos y cuerpos fecundos. Los misóginos, de todos los credos, nos echaron las culpas de todos los males, las pestes, las pérdidas de las cosechas y los ardores sexuales, nos trataron de asesinas, persiguieron a las ancianas rurales de los pagos, nos asociaron a los sapos, las arañas y las verrugas, a la noche y a lo oscuro, nos arrebataron nuestras escobas, saberes y nos robaron el cielo. Los inquisidores iluminaron los siglos con nuestros huesos, fuimos zarandeadas en las horcas y en las piras ardimos vivas con las brujas de Salem (Massachusett), Zugarramurdi, (Navarra) y con las Juanas de Arco de ayer y de hoy, porque la brujofobia es permanente.

Las maléficas de hoy nos envolvemos en ungüentos y menjurjes, de marihuana, coca, agraz y romero; nos acariciamos a nosotras mismas, reclamamos el amor propio como el primer amor; nuestro gusto por el cuerpo se alimenta del autoerotismo; somos dichosas al encontrar nuestro propio centro, nuestros sueños, de descubrir en nuestra geografía sensaciones en lila aunque a ratos ligamos y tropezamos con nuestros miedos a la libertad de ser y desear. Las brujas estamos vivas y coleando.

 

Desobediencia al rey y a la corona, a la corte y a los cortesanos, traemos hasta aquí a las guerreras anticoloniales de otros tiempos y de otras batallas, las libertadoras olvidadas, las conspiradoras independentistas, las troperas, las mariscalas, las generalas, las espías, las insurgentes, las ejecutadas, las milicianas; también a las soldaderas, las Juanas y a las adelitas que siguieron a los ejércitos en los campos de batalla.

 

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Recuerdo agradecido a la audacia y fervor insurgente de La Pola, a Manuela Beltrán (1724-1781) y a las comuneras, a María Águeda Gallardo Guerrero (Pamplona-Santander-Colombia, 1751-1840),a Mercedes Abrego, La Antonia Santos, María Concepción Loperena Ustariz De Fernández De Castro (México), Leona Vicario Fernández de Quintana Roo (México 1789-1842), Josefa Ortiz Girón de Domínguez, la Corregidora (México 1768/73-1829), Gertrudis Bocanegra de Lazo de la Vega (Michoacán, 1765-1817), María Ignacia Rodríguez de Velasco y Osorio Barba, conocida como la Güera Rodríguez (México 1778-1851), Micaela Bastidas (Perú 1745-1781), María Andrea Parado de Bellido (Perú 1777-1822), Francisca de Zubiaga de Gamarra, la Mariscala (Perú 1803-1835), Bartolina Sisa (Bolivia 1753-1782),3 la generala Juana Azurduy (Bolivia 1780-1862), Juana Ramírez, la Avanzadora (Venezuela 1790-1856). Ellas y muchas otras protagonistas y generosas amigas de la causa de la libertad, son muchas veces olvidadas en la hora de las medallas y los triunfos.

Atravesamos la historia de la modernidad, en Francia insultamos a Robespierre, bien merecido por traidor; convocamos círculos de lectura, tertulias y clubes, hasta el club de los matrimonios malavenidos, deambulamos con ojos ilustrados en los salones revolucionarios. Demandamos derechos, libertades y sufragios, fuimos bachilleras, inteligentes, sabihondas, sindicalistas. Nos llevaron a la cárcel, hicimos huelgas de hambre, escribimos y leímos manifiestos, garabateamos igualdad en los muros de las ciudades y en las tapias de los castillos. Los ilustrados nos traicionaron, perdimos la brega por la ciudadanía, con los pobres, los negros y los analfabetos. Olimpia de Gouges vive, es nuestra sombra, como un dulce fantasma que soñó nuestros sueños.

Con las feministas socialistas estuvimos en la lejana o cercana revolución rusa, con Clara Zetkin, Inessa Armand, Alejandra Kolontai, Rosa Luxemburg, Nadezhda Krúpskaya, fuimos socialistas y anarquistas, trostkistas, internacionalistas. Conocimos el mundo obrero y campesino. Mujeres intensas apasionadas, desafiaron prejuicios, abandonaron sus familias, amaron por fuera de los cánones ortodoxos. Fueron mujeres de partido, militantes con ideas propias, controvirtieron el marxismo y a sus dirigentes, a sus organizaciones políticas, algunas fueron disidentes, produjeron su propia obra política y social.

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Las socialistas feministas polemizaron con sus camaradas acerca de la cuestión femenina o la emancipación de las mujeres, un asunto que era calificado como «desviación pequeño burguesa». Ellas fueron mujeres indisciplinadas, fundaron periódicos como La igualdad y la demandaron en sus organizaciones dando testimonio con sus vidas. Kolontai promovió y vivió el amor libre, cuestionó las relaciones opresivas que afectaban, en especial a las esposas y madres en la familia e imaginó una red de instituciones como casas-cuna y guarderías, restaurantes y lavanderías públicos, que liberaran a las mujeres de las tareas del cuidado de los niños y de la casa; en este sueño la acompañó Inessa Armand (1874-1920), adelantándose con ello a las propuestas de socialización y atención por parte de los estados y del mercado de la economía del cuidado.

Con ellas cuestionamos los privilegios masculinos, los sombríos aspectos de la vida conyugal, el amor romántico, las estructuras familiares que mutilan los derechos y las libertades. «En este campo, ¡cuántas tragedias psicológicas, cuántas vidas mutiladas, cuántas existencias envenenadas!»4 ¡Qué cerca nos sentimos de estas mujeres, cuantas verdades cantadas! Socialistas, organizadoras, agitadoras nos legaron la vocación internacionalista y pacifista del feminismo.5

Su espíritu libertario pervive en María Rojas Tejada y su Centro cultural femenino, en la demandas obreras de María Betzabé Espinal, quien el 12 de febrero de 1920 lideró la huelga de mujeres de fábrica de tejidos de Bello, contra el acoso sexual y por los derechos laborales; en los sueños de la virgen roja, María Cano Márquez, fundadora y dirigente del Partido Socialista Revolucionario; en las demandas de Juana Julia Guzmán y María Barilla fundadoras de la Sociedad de obreras redención de la mujer (7 de febrero de 1919), en la presencia de Petrona Yance y Josefa Blanco, líderes obreras del Sindicato de Orihueca en la histórica huelga de las bananeras. Mujeres raras, de ideas audaces, abogadas de la vida digna y las libertades para las mujeres.

A principios del siglo XX, escuchamos a Ofelia Uribe de Acosta, animadora feminista que decía: «El feminismo acaba de nacer en Colombia como producto natural de evolución, pero todavía son muchas las mujeres que retroceden espantadas ante la repentina aparición de esa palabra que viene a turbar su mísera condición de siervas humilladas, pero insensiblemente connaturalizadas con su papel de víctimas».6 Con Ofelia caminaron muchas otras, mujeres de partido y de organizaciones sociales: Mercedes Abadía, Lucila Rubio de Laverde, Georgina Flescher. Agitadoras feministas fundaron periódicos, programas de radio y organizaciones:7 La verdad, hora feminista, Asociación profesional femenina, Alianza Femenina de Colombia, Asociación profesional femenina, Unión de ciudadanas de Colombia, Unión de mujeres demócratas. Es la hora del feminismo liberal y sus voces insurgentes por los derechos civiles y políticos.

Ayer como hoy, andaregueamos en los caminos del pacifismo, con las socialistas y las anarquistas creamos la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad, en la primera guerra mundial. Cuestionaron la causa del patriotismo y el nacionalismo y de manera premonitoria identificaron que su invitación a la muerte y a la destrucción de los afectos siempre gana cuando a la sociedad es habitada por el miedo.

En la resistencia civil española, con las pacifistas repartimos folletines antibélicos, fundamos ligas de ayuda humanitaria, hicimos nuestra la sentencia de la Rosa Roja de la Revolución. «Esta guerra mundial es una regresión a la barbarie. Un descenso en los infiernos de la deshumanización».8 Un siglo después la guerra continúa siendo un descenso a los infiernos. Oponerse a la guerra en las épocas en donde son aplaudidos los nacionalismos, los llamamientos a la defensa de la patria, cuando la patria es de pocos, es un verdadero acto de desobediencia civil.

Las pacifistas llegaron a las filas de los soldados e incitaron a la rebelión contra la milicia, fueron a las cárceles por distribuir propaganda ilegal, se alzaron en defensa de la vida. Enaltecer las vidas de Josephine Herbst, Lean Manning, Kanty Cooper, Lini de Vries, Simone Weil, Vera Brittain,9 Amparo Poch y gascón...10 y tantas otras mujeres militantes libertarias que nutren el pacifismo de hoy.

Desobedecieron los llamamientos a los gestos bélicos11 rompieron con el arquetipo de la mujer combatiente, la miliciana de puño en alto y fusil al hombro, se dirigieron a las mujeres convencidas de que podrían detener la guerra: «No prestéis oídos a los himnos nacionales ni a las palabras retumbantes que os hablan de falsos deberes patrióticos; sino a esa otra voz dulce y profunda que sale del propio corazón y enseña el precepto intangible de amor a todos los seres y todas las cosas… Pasad sobre el gesto, sobre la institución, sobre la fuerza y el escándalo».12

Con ellas hicimos del pacifismo una bandera ética, una causa suprema. Hoy las herederas de su demanda, las sucesoras, encomiamos la autoridad de las ancestras. El pacifismo ancestral renace y se vivifica en las organizaciones mujeres que apiñaron sus dolores contra las dictaduras como las madres/locas de Plaza de Mayo, icónicas e intransigentes investigan, identifican y encuentran los hijos e hijas de tres generaciones, en busca de verdad y justicia. Ellas enfrentaron los ramalazos del miedo politizando la maternidad, la abuelidad y el afecto, haciendo público su dolor íntimo.

Gracias a las mujeres organizadas víctimas de la guerra; las mujeres de negro, la ruta pacífica por la paz, las iniciativas de mujeres por la paz, la iniciativa de Mujeres por la paz,13 las Madres de la Candelaria, la Organización femenina popular, la Asociación de mujeres del oriente, Fabiola Cantillo y su operación Cirirí y todas las madres, esposas, hijas, amigos, que indagan por sus desaparecidos y buscan sus huellas, mientras politizan la espera del retorno, cuando su mundo se partió en dos, y muchas otras… Todas ellas han desobedecido a los jinetes del apocalipsis y de la violencia.

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Pertenecemos a la generación antisistema que cantó a los huracanes con los hippies y asumimos su propuesta contracultural pacifista y amorosa, medioambientalista y anticonsumista: con la seriedad del pelo largo y las camisas raídas profundizamos la consigna «haga el amor y no la guerra».

Fuimos de espíritu festivo, musical, creativo y atrevido, éste se hizo ciclón, se acompañó de yerba y otras cosas… estuvimos en Woodstock y en Ancón con Janis Joplin fuimos libertinas y libertarias, disfrutamos de la revolución sexual, gozosas usuarias de la píldora de todos los días y del día después.

Sentimos en la carne la No-violencia, estuvimos del lado de los negros, acompañamos a Rosa Parks en Alabama y Angela Davis sus afros y sus panteras negras, nos percatamos como ella de «la rutina cotidiana, a menudo monótona, de la opresión racista». Conocimos y admiramos a: Sojourner Truth (1797-1883) Harriet Tubman (1820-1913), Audre Lorde (1934-1992), Gloria Jean Walker14 y sus feminismos negros y de frontera

Con Simone de Beauvoir nos paseamos por el mayo francés, bebimos en el segundo sexo y en todos los sexos, buscamos en las profundidades de la mujer rota que nos habita en algún momento o en todos los momentos de nuestras vidas, trepamos en los callejones y embestimos muros sin salidas, buscamos los paraísos perdidos y también los imaginados. Nos persuadimos de ser una con la cultura. Citamos con frecuencia la lucida expresión «no se nace mujer, llega una a serlo», nos reclamamos antiesencialistas y desnaturalizadas.

Nos disputamos los espacios sociales y los significados, con las iglesias temerosas de la ideología de género, hablamos de nuevas formas de convivencia, de las solidaridades entre iguales. No creemos en el diablo, los infiernos, el pecado o la condenación. Abandonamos los confesionarios, los denunciamos como espacio social del control, la vigilancia y el castigo; nos reclamamos amigas de la carne, la materia y las tentaciones del mundo.

Nos sentimos incómodas con sociedades confesionales, parroquianas y de feligreses, estamos más a gusto como ciudadanos y ciudadanas, con sexualidades libres seguras y felices porque la sexualidad es una de las fiestas de la vida. Hemos olvidado las virtudes de la castidad y la inocencia y nos aferramos a la palabra disfrute, placer, capacidad de decisión, libertad y derechos.

Admiramos y suscribimos la declaración de desobediencia civil de las 343 guarras15 a favor del aborto libre, seguro y gratuito, para salvar del silencio y de sepsis a las mujeres que no tienen opciones saludables y deciden acerca de su cuerpo y en favor de sus vidas. Declaramos que somos como ellas. Declaro haber abortado.

Nos oponemos a toda forma de culpabilización: por no amar lo suficiente y para siempre, por no ser más generosas, más madres, por ser egoístas, por perder la feminidad, por confundir la libertad con el libertinaje, y casi por promiscuas, en fin nuestro reto es ganar en autoconciencia y militar en nuestra propia vida y en nuestra propia causa.

Amamos la palabra feminismos, la adoptamos como a una alerta temprana, en tiempo de temblores e inundaciones. Nos previene contra la todas las dependencias, contra el amor romántico, contra la soledad en compañía, contra el amor eterno, sin límites y condiciones.

Aceptamos los desafíos a desobedecer y a desobedecernos. Desobedientes de palabra y obra, somos los grupos y redes de salud de la mujer, hablamos de derechos sexuales y reproductivos como un asunto de libertades individuales y del cuerpo como territorio soberano, preguntamos ¿Amante, esposo, amigovio, amigo con derechos, compañero de noche, cuántos embarazos haz tenido?, ¿cuántos abortos haz pasado?

Aprendimos a amar nuestro cuerpo sexuado como el patrimonio primero, y encontramos y develamos nuevas enajenaciones y nos descubrimos expropiadas por distintos poderes: la medicalización y la psiquiatrización femenina, el modelo de la delgadez, los discursos ligth sobre la sexualidad y la invasión de la vida por la trasnacionales farmaceúticas.

Nos regamos como verdolaga en playa, amanecemos con nuestras hermanas las damas de la noche, respetamos a quienes la misoginia llama y visita como putas, sinvergüenzas, mujerzuelas, zorras, perras, yeguas, jineteras, poliamorosas, guarras, trolas, fufurufas, grillas, las trabajadoras sexuales con todos los derechos. A todas ellas las admiramos porque inquietan y perturban, aunque a veces parecen el envés de la misma moneda. También somos las temidas mujeres malas, las pornofeministas, las Madonas y las Lady Gaga.

Aquí estamos con todas ellas las cuenteras y las escribanas en primera persona y en esta brega caminamos hacia la invención de nuevas posibilidades de vida, buscando producir en colectivo, en redes envolventes y afectuosas un nuevo tipo de subjetividad contestatario, un sujeto político nuevo y disruptivo.

1. Cubas Maite. Teresa de Jesús, la mujer que abrió las puertas del cielo.

2. Nacida en San Miguel Ne pantla, 12 de noviembre de 1648 - México, 17 de abril de 1695, fue una religiosa de la Orden de San Jerónimo y escritora novohispana, exponente del Siglo de Oro de la literatura en español.

3. García López Ana Belén. Historiadora. En. Las heroínas calladas de la Independencia Hispanoamericana. Antecedente de la lucha de la mujer independentista, guerrera aymara que lideró junto a su esposo, Túpac Katari, un levantamiento contra el poder colonial, en el que logró movilizar a unos 40 mil indígenas en las tierras del Alto Perú, a finales del siglo XVIII. Intervino como estratega del asedio de la Paz y poco después fue capturada, torturada y ejecutada en 1782.

4. Kolontai. A. La cuestión femenina.

5. Clara Zetkin, en 1907 estuvo en la fundación del Congreso Internacional Socialista de Mujeres, y en Copenhague, 1910, en otra conferencia de mujeres socialistas propuso que el 8 de marzo fuese el Día Internacional de la Mujer, resolución que quedó aprobada desde entonces. Zetkin organizó la primera conferencia internacional de mujeres contra la Primera Guerra Mundial (1915).

6. Ofelia Uribe de Acosta - Enciclopedia | Banrepcultural.

7. Se menciona en esta ola al grupo de mujeres que trabajo en la revista mensual Agitación Femenina con Ofelia Uribe: Inés Gómez, Carmen Medina de Luque, Eloísa Marino de Machado, Elvira Sarmiento Quiñones, Aída de Hoyos, Marina de Pinzón, Mercedes Arenas de Lara, Alicia Solano Sanabria y Leonor Barreto. Octubre de 1944 hasta 1946.

8. Rosa Luxemburg. El folleto Junius. La crisis de la socialdemocracia alemana.

9. Romeu Fernanda. Memorias en sombra: los pacifistas en la Guerra Civil española.

10. Anna Mellado García, Julián Andúgar, En El discurso ético de Amparo Poch y Gascón: anarcofeminismo, divulgación científica y pacifismo.

11. Ver texto de Amparo Poch denominado «Frente al gesto bélico», publicado en Tiempos Nuevos (1935), ella fue co-líder de la Liga Española de Refractarios a la Guerra, un grupo de resistentes absolutistas a la guerra.

12. Memorias en sombra.

13. Este proyecto surge en la Primera Conferencia de Mujeres Colombianas por la Paz que se realizó en Estocolmo, Suecia, del 10 al 20 de noviembre de 2001. El evento fue iniciativa de las mujeres dirigentas de la Federación de Trabajadores de Suecia, ST y el Departamento de la Mujer CUT de Colombia.

14. Ramírez Carlota. Feminismo negro: cinco mujeres que hicieron historia.

15. Declaración publicada el 5 de abril de 1971 en el número 334 de la revista francesa Le Nouvel Observateur y firmada por 343 mujeres que afirmaban haber tenido un aborto y que, consiguientemente, se exponían a ser sometidas a procedimientos penales que podían llegar hasta el ingreso en prisión.

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