Diálogos para una pedagogía de la alteridad

La teoría feminista surge de la práctica política de las mujeres como protagonistas, atravesadas por múltiples desigualdades, subalternidades y exclusiones. Es una construcción teórica y política interpelada permanentemente por las y los sujetos que la cruzan, y por ello los caminos que se abren son muchas veces contradictorios entre sí. Es así que la historia feminista va desde las demandas a la modernidad, a la perspectiva crítica sobre la violencia epistémica de la colonialidad, desde el género, a los géneros y las identidades disidentes, del antropocentrismo al ecofeminismo, y constituye un cuerpo teórico y político que se revisa y cuestiona a sí mismo, generando plurales cada vez más amplios que constituyen subjetividades interpelantes, tanto de las prácticas como de las propias categorías teóricas.

La descolonización del saber supone revisar las categorías que hemos acuñado en nuestra práctica política y sospechar de las tendencias universalizadoras implicadas en la racionalidad hegemónica. Como define el Colectivo la Eskalera (2004) «hacer feminismo desde y atravesados por las fronteras, es asumir la complejidad del movimiento y reconocerlo como parcial y múltiple, contradictorio y crítico». Prácticas de feminismos mestizos, irreverentes, situados con lealtades divididas y sin pertenencias exclusivas. Desde este punto de vista es significativo asumir un activismo feminista que reconozca la parcialidad de las experiencias sociales surgidas del contexto y el territorio situado apostando a un «feminismo de fronteras».

Los feminismos de frontera articulan diferentes coordenadas de reflexión: feminismos descoloniales, chicano, cyberg, queer, feminismo negro. Braidotti (2000) habla de nomadismo para referirse a ese mapa invisible de influencias y experiencias que atraviesan las vidas de las personas atravesadas por la etnia, la clase, la disidencia sexual y la identidad de género.

Diálogos como apuesta a una nueva pedagogía política

La preparación de la Conferencia contra el racismo en Durban (Sudáfrica, 2001) constituyó un momento significativo para el feminismo latinoamericano y caribeño al abrir el debate y la reflexión en los movimientos sobre las perspectivas de la diversidad dentro de los feminismos. Su preparación contribuyó al proceso de articulación de las feministas afrodescendientes, y a la afirmación de sus voces críticas dentro del feminismo, y también dentro del movimiento afro. En menor medida, fue también un espacio para el diálogo con las mujeres indígenas.

El concepto de interseccionalidad se impuso en Durban para cuestionar las categorías dominantes del debate político y, por tanto, los espacios de marginación y privilegio que estas generan.

Poner en diálogo los procesos de subjetivación y de distribución de poder que parten de condiciones de opresión, es un imperativo ético pero también político para las redes y organizaciones del movimiento feminista latinoamericano y caribeño. El recorrido que hemos hecho hasta aquí, a través de luchas comunes, nos ha posibilitado reconocernos y respetarnos, pero requiere de debates en profundidad para que la interseccionalidad de las perspectivas y opresiones sea también un horizonte crítico y de transformación de nuestras perspectivas teóricas y prácticas, y ayuden a enriquecer el debate y la comprensión de nuestras diferencias y desigualdades.

Una de las características centrales de los feminismos latinoamericanos ha sido su crítica radical a las formas múltiples de la discriminación de las mujeres lo que ha permitido la conformación polifónica, mestiza y plural que recupera voces y presencias, cuestionando, en este proceso, la hegemonía de las visiones universalistas.

Varios debates sobre estrategias políticas de los movimientos están implicados en estas visiones o perspectivas. El debate será fecundo si nos disponemos a abrirlo con modestia y rigurosidad intelectual.

Ponernos en diálogo significa un esfuerzo teórico, político y personal para construir otras categorías y otros abordajes que posibiliten romper las formas hegemónicas de clasificación. Incluso la posibilidad de pensar los problemas simultáneamente desde la perspectiva de género, cultural, ecológica, económica y social, crea nuevas categorías y preguntas.

¿Cómo descolonizar la perspectiva universalista? ¿Qué perspectivas e intercambios hay que profundizar y/o revisar? ¿Qué tensiones y diferencias se aprecian desde la perspectiva de las mujeres indígenas y afro en relación con esta articulación?

Campos de disputas desde las «presencias»

Avanzar en nuevas concepciones supone recorrer un camino de rupturas teóricas, descolonizaciones y cuestionamientos simultáneos al etnocentrismo, al patriarcado, a la heteronormatividad. Supone diálogos y confrontaciones que abren espacios de conflicto tanto en los discursos como en las prácticas políticas. (Celiberti 2012).

Como ha señalado Quijano «en América Latina la raza se convirtió en el primer criterio fundamental para la distribución de la población mundial en los rangos, lugares y roles en la estructura de poder de la nueva sociedad. En otros términos, en el modo básico de clasificación social universal de la población mundial» (Quijano: 2000, 246).2 Quijano (2000) no desarrolla, sin embargo, la particular articulación entre racismo y sexismo dejando de alguna forma incompleta la desobediencia epistémica de la que habla Mignolo (2010: 8) y los teóricos de la colonialidad del saber-poder. La teoría crítica requiere de un enfoque que incorpore el género, la raza y la naturaleza en su marco conceptual y político. En esta tarea se inscriben los aportes que las feministas decoloniales. Analizar las consecuencias específicas de la racialización patriarcal en la vida de las mujeres negras y mestizas de América Latina implica poner el foco en las experiencias sociales diferenciadas entre mujeres negras, mestizas y blancas.

Sueli Carneiro propone ennegrecer el feminismo para incorporar la experiencia social de las mujeres afrodescendientes. Efectivamente las disputas surgidas desde el feminismo afro parten de otros lugares de enunciación, de otras experiencias sociales, de otros dolores y marcas. Las mujeres negras interpelan, cuestionan, denuncian al feminismo blanco por universalizar las vivencias y opresiones de las mujeres blancas occidentales, desconociendo la experiencia de otras mujeres/negras, indígenas y proponen la decolonización del pensamiento, la imaginación simbólica y la acción política que posibilite superar ese lugar de «otra» asignado por la racialización. La invisibilidad, la negación y el olvido de las experiencias sociales de «sujetos sin historia» ha sido la operación simbólica de la modernidad, en las naciones latinoamericanas.3 Desde el feminismo negro se advierte que no sólo se trata de nombrar, ya que la conjunción de género-raza, interpela en sí mismo las categorías tal como fueron formuladas. Para Hazel Carby «la experiencia de las mujeres negras no entra en los parámetros del paralelismo (género-raza). La principal razón para no emplear paralelismos es el hecho de que las mujeres negras están sujetas simultáneamente a las opresiones del patriarcado, la clase y la «raza», lo que hace que su posición y su experiencia no solo resulten marginales, sino también invisibles» (Carby, 2012: 209). Invisibilizar, silenciar, suprimir es parte de la lógica de no existencia, y esta adquiere matices propios según cada realidad histórica.

Carneiro se pregunta: ¿cuáles serían los nuevos contenidos que las mujeres negras podrían aportar en la escena política más allá del «toque de color» en las propuestas de género? El proceso de conformación de un movimiento afrodescendiente y en particular de mujeres afro y feminista, es el punto de partida para problematizar concepciones hegemónicas y cuestionar las relaciones de poder? Sueli Carneiro 2003 fue una batalla el reconocimiento de nosotras las mujeres y pelear ahí (la Alianza hubiese sido el camino natural para la Red) es fortalecer la alianza con el Movimiento Feminista y de mujeres de la regié, pero lo hacemos entre iguales y las luchas son por otras razones. Esa es la diferencia cuando miramos hacia el lado de las organizaciones afroá.

En los últimos años, y en particular por el impulso del Foro Social Mundial, se han generado espacios de encuentros entre movimientos, que han comenzado a cuestionanr la parcialidad de los enfoques que, como dice Aura Cumes, «solo interpelan aquello que les afecta o aquello con lo que comulgan: las mujeres cuestionan al patriarcado y al sexismo, los indígenas y negros al racismo y al colonialismo, y otros, a la dominación por clase social. Los mismos parámetros se repiten dentro del quehacer de las ciencias sociales.»4

Imagen: «Noticias UNSAM»

Intervención de la imagen: gliphos

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