Crónica de una votante del SÍ en el plebiscito por la paz en Colombia

1.El 2 de octubre de 2016, Colombia votó la consulta más importante de los últimos 60 años: el Acuerdo de paz firmado entre las Farc y el gobierno. Quienes promovíamos el Sí teníamos claro que era una oportunidad histórica y que como en cualquier negociación, estábamos pagando un precio. No era un voto de ingenuos ni de inconscientes. Era un voto con convicción y esperanza.

2. Quienes mayoritariamente promovieron el No (y ganaron, para sorpresa de todos, y hasta de ellos mismos) se inventaron, a punta de mentiras, una versión de los acuerdos que desató la furia de recalcitrantes de todo cuño. Que el «castro-chavismo» y la «ideología de género» gobernarían el país o que le estábamos regalando el acuerdo a las Farc. No es posible. Fue lo primero que me dije a mí misma. La oportunidad más grande que hemos tenido en décadas, la esperanza de construir la paz junto con nuestros sueños, arrastrada por gran parte de la población que, movida por una rabia inexplicable y contando muchas mentiras sobre el Acuerdo y sobre el proceso, han dado un portazo a la construcción de la paz. La sorpresa no nos dejaba reaccionar. 

3. Sentí que éramos un país partido en dos. El plebiscito era un gesto fundamental para la legitimidad y, al mismo tiempo, una oportunidad para demostrar que éramos capaces, TODOS y TODAS, de cambiar el rumbo de la historia. El mapa final con los resultados del plebiscito se nos mostró a todos, a dos colores. Una noche soñé con ese mapa. El de un centro naranja y desafiante que dijo no, y un verde de esperanza (que es justo la porción del mapa que rodea al centro, los márgenes, todas nuestras orillas, las más afectadas por el conflicto) dispuesto a perdonar y anhelando no ser más víctima. Esa es la cara más dolorosa de lo que hicimos como país el día que se votó el plebiscito.

4. Mi sobrino de ocho años me había dicho que si ese domingo ganaba el Sí, significaba que ganaba la paz y por ende que las «Farc se volvían paz». Alguien que me tire un salvavidas... Eso era todo lo que atinaba a pensar.

Campaña «La Paz Sí es contigo». Fuente: Deutsche Welle.

5. ¿Cómo explicarle a todas las amigas que están lejos ese No? Si acá nos costó entender, no quiero imaginar cuánto costó «allá». Parece incomprensible y lo es. Las consecuencias materiales e inmediatas de este triunfo eran ominosas: no habría desmovilización, se ponía entremillas la gente sentía miedo, desesperanza y mucha vergüenza... Porque resulta que ahora todos los EX (presidentes o candidatos a cualquier cosa, e incluso ex funcionarios suspendidos de su cargo como el ex Procurador), junto con las jerarquías eclesiásticas y los evangélicos, estaban pensando en cómo introducir sus agendas mezquinas y extirpar de los acuerdos cualquier referencia a la igualdad de género.Resultado del plebiscito en Colombia sobre el acuerdo de paz. Fuentes: Registraduría Nacional del Estado Civil, Fundación Paz y Reconciliación.

6. En cuanto al Sí, era necesario elevar todas las voces que hacían parte de ese voto: las de quienes defienden a las víctimas, la reforma rural, la paridad en la política, la igualdad de género y la inclusión. Esta masa del Sí también quería presencia, tanta como queremos y demandamos las mujeres. En esa crisis, los bigotes, las barrigas, las calvicies, los patriarcas, los señores —otra vez— imperaron por doquier. Y nosotras las mujeres, Sí señores, dijimos, seremos parte ineludible de la PAZ.

7. Dijeron los señores del NO (¡más señores; señores por todas partes!) que había que eliminar la ideología de género del Acuerdo (léase: la igualdad de género y la diversidad, las diferencias y las minorías); transversalizar el enfoque religioso en el acuerdo (léase: impedir la consolidación del Estado laico) y proteger la libertad de conciencia (léase: la de ellos, para no prestar servicios de aborto a las mujeres, entre muchas otras consecuencias). Y más aún: dicen que el presidente Santos les dijo «claro, cómo no». Las mujeres, nuestros derechos, la igualdad, el género. Otra vez éramos moneda de cambio. Lo que estaba en juego en ese momento era grueso, muy grueso: la oportunidad de vivir en un país en paz: tengo 48 años y jamás viví ni un solo día de mi país en PAZ.

8. Con la invitación a los jefes del No para negociar bilateralmente, el gobierno abrió una peligrosa compuerta para que exigieran, como en la más deslucida venta de garaje, todo lo que se acomodara a su ideología, olvidando que el centro era la paz de Colombia. O más bien, la oportunidad de construir esa paz para Colombia.

Fuente: «Correo del Sur».9. Salimos a las calles y durante 40 días muchos jóvenes tomaron en el país distintos espacios. Los ánimos se apaciguaron un poco y todo el mundo, del No y del Sí, empezó a trabajar para incorporar los cambios y para proteger los logros. No sólo los del acuerdo sino los de una sociedad más justa y respetuosa de los derechos que parecieron ponerse en riesgo con las exigencias del No. Los del Sí fuimos durante estos más de 40 días, millones en las calles, multitudes en las redes, feministas en permanente alerta yendo a los medios y siendo convocadas por el gobierno e invitadas a la Habana. Una fuerza sin duda más plural y respetuosa.

10. Del lado de las feministas, el Sí centró sus demandas en proteger el enfoque de género y en preservar las demandas por una sociedad más igualitaria, justa y sin discriminación. Y también en mantener lo pactado: que la violencia sexual siguiera siendo un delito no amnistiable, que se reconociera la afectación especial de las mujeres y de las minorías en el conflicto, que se preservaran las medidas de afirmación positiva y las protecciones especiales y, por supuesto, también los más altos estándares de justicia para todos incluidas las víctimas.

11. Se firmó el nuevo acuerdo (la cuarta o la quinta firma según distintas interpretaciones) a finales de noviembre en el Teatro Colón, y aunque se logró mejorar e incorporar muchas de las demandas del NO, trayendo algo más de justicia, se intimidó con el género. A los del No, pese a que todos los análisis indican que más de un 80% de sus demandas fueron incluidas, no les basta. A los del Sí nos basta porque tenemos una férrea voluntad de paz. El Congreso ha refrendado el acuerdo y aunque pesan algunas dudas sobre si esta refrendación es equiparable a la voluntad popular de un referendo, la urgencia de empezar a implementarlo para evitar deserciones (algunos guerrilleros ya se han alejado del proceso) y por asegurar la amnistía, no da tregua.

12. Podríamos afirmar que sacar 90 veces la mención al enfoque de género del acuerdo, no significa mucho, diría que casi nada. En la mayoría del texto se recogen sus contenidos
—los del enfoque de género— y se advierte que el mismo es transversal al acuerdo. El género se decodifica, en el nuevo acuerdo, como igualdad, como ciudadanía, como mujeres víctimas, como mujeres con necesidades especiales y medidas de protección específicas. Se decodifica como no discriminación, como vulnerabilidad, como reconocimiento de exclusiones estructurales y también como población LGBT. Se atenúa en número su mención pero no se cede en su esencia.

13. Sin embargo, y aunque esto es bueno, y debo reconocer que hemos ganado, no me complace y al contrario me preocupa el efecto simbólico que tiene el que intentemos alivianar el lenguaje, dejando de nombrar las cosas por su nombre. Este terreno cedido en el lenguaje para complacer a quienes sabemos por experiencia, no se satisfacen sino logran de manera total lo que ellos quieren —eliminado al otro e ignorando matices—, que es promover la exclusión y mantener un orden donde privilegiados y dominantes pueden disponer de las mujeres, sus vidas, sus cuerpos, sus tiempos y sus roles, no abona ningún terreno a favor.

14. No es el momento para guardar silencio, ni para defender medias tintas, ni para cambiar el nombre de las cosas. Es el momento para expresar abierta y claramente. Es el momento para hablar en voz alta, y defender sin miedo y de manera activa, la sociedad que queremos y las interpretaciones que para ella proponemos. La implementación será un momento para seguir disputando los sentidos, para asentar simbólicamente las conquistas y para luchar materialmente por los sueños. Incluido el de la igualdad de género y la no discriminación.Foto: Luis Acosta.

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