El entramado de la ideología de género

Ana Cristina González Vélez - Laura Castro
Ana Cristina González Vélez - Laura Castro

La presencia de nuevos empujes conservadores contra cualquier cosa que amenace su concepción de la sexualidad y la reproducción reinstaló un viejo debate sobre la legitimidad de la noción de género. Un análisis geopolítico evidencia que las campañas protagonizadas por sectores religiosos, padres organizados y partidos de derecha son un fenómeno de carácter transnacional, que adopta formas propias en Colombia. ¿En qué espacios inciden? ¿Cuáles son los mensajes contra la “ideología de género”?

 

Tres hechos recientes fueron el telón de fondo del debate sobre la “ideología de género” en Colombia: la propuesta de un referendo para impedir la adopción de menores por parte de parejas del mismo sexo y solteros, el plebiscito para refrendar el acuerdo entre el Gobierno y las FARC, y los manuales de convivencia escolar respetuosos de las diferentes identidades y orientaciones sexuales. La aparición en escena de estas propuestas resucitó un viejo debate sobre la legitimidad de la noción de género, que había sido cuestionada ya desde los noventa por la Iglesia Católica y por conservadores de distinto cuño religioso, cuando se adoptó como enfoque fundamental de los acuerdos alcanzados por los gobiernos del mundo en la Conferencia de Cairo en 1994.

En el contexto de aquella Conferencia, una significativa movilización progresista –profundamente influenciada por el pensamiento feminista– abogó por la igualdad y las libertades asociadas al ejercicio de la sexualidad y la reproducción para todas las personas y en particular para todas las mujeres. En ese momento, la movilización conservadora –marcada por la tradición religiosa– puso en marcha esfuerzos contrarios al avance de estos derechos, defendiendo una idea de la vida ligada con un tipo de sexualidad y una concepción de la reproducción: la “vida” que los conservadores defienden encierra sustancialmente un discurso reproductivo. Una noción que convierte la reproducción en un destino a partir del cual se constituye la familia heterosexual y se reproduce “la moral católica a través de la educación y de la Iglesia” (Mujica 2007, p.71). Esta concepción conservadora legitima la reproducción de relaciones desiguales entre hombres y mujeres. Se trata de un orden sexual “que asigna a lo femenino atributos que por definición representan un lugar de subordinación al lado de patrones que privilegian y sobrevaloran lo masculino. Un orden que busca confinar a las mujeres al ámbito de lo privado, a la reproducción biológica y social, que las cosifica y subvalora, que estructura la opresión y la dominación, y que utiliza como su fuerza última, la violencia” (González 2016).

A partir de ese momento y durante las últimas dos décadas, los grupos conservadores en diferentes partes del mundo han articulado su oposición a cualquier proyecto que amenace su concepción de la sexualidad y reproducción originando una batalla contra el concepto de género. Recientemente han enmarcado esta oposición anteponiéndole la noción de “ideología”. Se trata de una construcción conceptual de los nuevos conservadores para designar, negar y cuestionar, el cambio social que ha tenido lugar en las relaciones entre hombres y mujeres así como en las concepciones sobre la sexualidad y la reproducción. Un cambio que ha sido el resultado de décadas de lucha del movimiento feminista en el mundo. No hay duda de que se trata de una noción tramposa tanto como lo son los contenidos que se le asignan.

En palabras del profesor Waisbord (2018): “la ideología de género es una etiqueta vaga y opaca, utilizada estratégicamente con un objetivo muy claro: oponerse a todo grupo o acción que represente los principios de la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948, es decir, la dignidad, la justicia y la igualdad”. O en otras palabras, cuestionar las ideas y pensamientos feministas, que conllevan un proyecto de transformación social.

 

Según Bracke & Paternotte (2016), la resistencia de la Iglesia Católica al concepto de “género” ha influenciado la aparición del término “ideología de género” y la movilización en contra de todas las ideas que se asocian a la misma… Si bien la resistencia al género –en general–, y al desarrollo de “ideología de género” –en particular– no pueden ser adscritas solo a la iglesia católica, la iglesia se presenta como un protagonista crucial (trad. propia, p.146).

 

De Europa a América Latina

Según la literatura, las primeras campañas anti-género se identifican en Europa y posteriormente se expanden en América. Las primeras campañas fueron contra los contenidos de educación en sexualidad en Croacia (2007) y contra el matrimonio por parte de parejas del mismo sexo en Austria (2008). En este último país además, se publicó el libro MenschInnen: gender mainstreaming on the way to a sexless society, que ha servido como sustento a la oposición contra la llamada ideología de género. Posteriormente, entre 2012 y 2013, en Francia y España tuvieron lugar las primeras movilizaciones contra el matrimonio homosexual y contra el aborto respectivamente, y posteriormente movilizaciones similares se dieron en Eslovenia y Alemania en 2013, alrededor de mismos temas: el matrimonio homosexual y la educación sexual. En Polonia, ese mismo año, tiene lugar un llamado para detener la ideología de género y en Italia, durante 2016, las manifestaciones callejeras se enmarcan en la consigna “defendamos a nuestros hijos”.

En América Latina, el fenómeno se ha expandido en cascada. En México (2016) las movilizaciones que se realizaron fueron en contra de las parejas del mismo sexo, mientras que en Ecuador, Brasil y Perú (2017) se centraron en derrocar las iniciativas que propendían por la educación sexual, enmarcándose en general en la consigna “con mis hijos no te metas”. En el caso de Ecuador es importante tener en cuenta que ya en 2014 el presidente Manuel Correa se había expresado contra la “ideología de género”.

Este breve recorrido nos permite afirmar que se trata de un fenómeno de carácter transnacional con particularidades nacionales, en las que se impulsan campañas que convergen en su apuesta por repertorios de acción tradicionales como las manifestaciones callejeras o incidencia en el Congreso, y al mismo tiempo en el uso de las nuevas tecnologías para difundir información y crear redes de movilización. A nivel internacional, estas campañas se caracterizan por ser impulsadas por sectores religiosos, organizaciones de padres de familia y partidos de derecha.

En la batalla anti-género, América Latina aparece como un escenario de disputa fundamental. De acuerdo a los discursos de la Iglesia Católica, los países latinoamericanos están siendo presa de la colonización ideológica por parte de presiones políticas y financieras extranjeras. Esta colonización estaría marcada por la irrupción de posiciones liberales que defienden el aborto, la anticoncepción, la esterilización, la homosexualidad y el matrimonio entre parejas del mismo sexo. Y se impondría a través de las prácticas globales de apoyo al desarrollo por parte de los países ricos, especialmente de origen europeo.

Como evidencia, en el trabajo de investigación de Annie Wilkison sobre el tema, se afirma que la segunda mitad del 2016 fue testigo de la explosión más grande sobre la ideología de género, que en solo seis meses sirvió como un principio organizador de marchas masivas y videos virales que son sus dos principales estrategias, en México, Colombia, Ecuador, Brasil, Estados Unidos, Canadá, y fuera de las Américas también en Australia, e incluso en Polonia” (Articulación Feminista MarcoSur- Red Nacional de Mujeres 2017, p.6).

Este giro hacia la defensa de la soberanía, sin embargo, no es otra cosa que la otra cara de una misma moneda: los marcos en que se inscriben el lenguaje y las estrategias de la derecha. Según Lakoff (2004) la defensa de la nación y de la familia a partir de la imagen de un padre autoritario al que hay que obedecer, le dan contenido y sustentan el proyecto de derecha dominante en el mundo. En todo caso, es interesante observar que tanto la defensa de la soberanía como de la familia tradicional, se ocupan de deslegitimar y contrarrestar la acción feminista que ha producido, en las últimas décadas y en todas las estructuras sociales que sostienen las relaciones desiguales de poder, conquistas significativas para asegurar derechos plenos para todas las mujeres. Argumentado una intromisión extranjera, pretenden negar que estos cambios son resultado de una agenda del movimiento feminista construida endógenamente y no como pretenden explicar los impulsores de la noción ideología de género, desde afuera y dirigida por intereses globales.

Principales críticas y características atribuidas a la “ideología de género”

 

¿Cómo se movilizan?

Las estrategias de las campañas anti-género en los tres eventos referidos al comienzo de esta nota, se concentraron en tres espacios: institucionales, urbano/público y medios de comunicación. A nivel institucional o estatal, se destacan la presentación de proyectos de ley (referendo contra la adopción de menores por parte de parejas homosexuales, y solteros) que como estrategia ha sido utilizada en otros países (Eslovenia). De esta forma, se busca que decisiones o políticas discriminatorias, contrarias a los derechos de las minorías sexuales, gocen de legitimidad al ser respaldadas por la sociedad civil. Otra forma de acción inscrita y/o dirigida a la institucionalidad es el envío al gobierno de solicitudes y demandas para presionar una salida política contraria a los derechos.

En cuanto al espacio urbano y/o público, la campaña anti-género en Colombia se caracterizó por realizar dos tipos de acciones. Primero, inserción en espacios de reunión y de conglomeración masiva para la difusión de discursos y mensajes que conllevaran a la movilización contra la ideología de género. Específicamente, los espacios privilegiados para estas acciones fueron las iglesias católicas y cristinas, al tiempo que los colegios y escuelas. Segundo, la realización de protestas o marchas para oponerse a las cartillas de educación sexual del Ministerio de Educación, que lograron grandes movilizaciones en diferentes ciudades del país (Medellín, Barranquilla, Cartagena, Bogotá, Bucaramanga). En cada una de las ciudades mencionadas las marchas estuvieron lideradas por católicos o cristianos, y como parte de sus filas participaron asociaciones y organizaciones de padres y colegios.

En lo que concierne a la dimensión de las comunicaciones han hecho un uso estratégico de la nueva información y las tecnologías de la información (en especial, las redes sociales y la aplicación Whatsapp). A través de estas redes no solo se difundía información escrita y audiovisual destinada a los propósitos recurrentes (invitaciones a participar, difusión de argumentos y datos claves, convocatoria a eventos y acciones, entre otras), sino también a propósitos menos transparentes (difusión de falsas cartillas, difamación y daño al buen nombre).

 

Los mensajes contra la “ideología de género”

A partir de una extensa revisión de prensa, podemos inscribir los argumentos desplegados en cinco tipologías: (i) moral (argumentos que recaen en una lógica dicotómica de “lo bueno” vs. “lo malo” o de “buenos” vs. “malos” para justificar determinada postura) (ii) religioso (argumentos que refieren a Dios, los escritos bíblicos, u otros elementos teológicos), (iii) legal (uso de referentes normativos para justificar la adopción o rechazo a decisiones y acciones), (iv) científico (argumentos que refieren a pretendidas autoridades académicas o científicas), (v) político, usando argumentos que explican el rechazo o apoyo ante un evento basándose en las relaciones de poder que lo atraviesan.

Entre los argumentos morales destaca por ejemplo el de la representación de los opositores a la ideología de género, como los “buenos”, (los defensores de los derechos de los indefensos, –por ejemplo, los niños–, y de los valores y principios fundamentales). Por el contrario, los defensores de la ideología de género son representados como “malos”, en la medida que desestiman los derechos de los vulnerables o desprotegidos en busca de la garantía de los derechos de la población de su interés (de nuevo, en el caso del referendo eran las parejas y personas LGBTI). Otros de sus argumentos se construyen para la defensa de la familia heteronormativa y el conjunto de valores tradicionalmente asociados a esta. Se abogaba por la “la unión familiar”, “la estructura familiar de origen”, entre otros imaginarios asociados a este ideal. En el caso de los argumentos religiosos, es importante tener en cuenta que en los tres hitos aquí analizados, los espacios de conglomeración religiosa sirvieron como potencializadores y como base para la posterior difusión de estos mensajes.

“No le estoy diciendo cómo debe votar el referendo, usted sabrá en conciencia, pero como hombre público que soy me muevo por todo el país y sé que la idea de género se negoció en Cuba y está incluida en el referendo. Sí este se llega a aprobar, mucho de lo que ganamos con la libertad de culto en el pasado y más se perderá” (…) “En los acuerdos de La Habana, en el punto 82, se pactó el compromiso de establecer como política pública la ideología de género. Estos acuerdos serán elevados a norma supraconstitucional, es decir, serán inamovibles” (…) “Ante el plebiscito, que incluye esta ideología de género, creo que es claro lo que debe hacer un cristiano y un católico” (Declaración Pastor Eduardo Cañas) (Semana, 2016a)

Entre los argumentos legales se citaba que la Constitución refería exclusivamente al matrimonio entre hombres y mujeres, al igual que a la conformación familiar heterosexual. Se decía que la aprobación de la adopción entre parejas del mismo sexo y su matrimonio, rompía un precedente constitucional de más de 20 siglos, atribuyendo esta interpretación a una comprensión formalista del derecho. Otro argumento legal de la movilización anti-género en este tema, el cual se inscribe también en los debates jurídicos sobre las comprensiones conservadoras y progresistas del derecho, sostuvo que decisiones como la adopción de menores por parte de parejas homosexuales y solteras debían ser tomadas vía legislativa, y no a través de las instancias judiciales. Este argumento es importante si se tiene en cuenta que en Colombia la lucha contra la legalización del aborto se ha enfocado por completo en demandas que apelan argumentos de forma para deslegitimar los marcos normativos vigentes. El caso de las cartillas de educación sexual, el uso de estos argumentos es más complejo pues se basa en la defensa de la autonomía institucional, la libertad de cátedra, la libertad de cultos y la libertad de opción de los padres de familia frente a la educación.

Los argumentos de índole científica fueron especialmente esgrimidos en el debate sobre la adopción por parte de parejas del mismo sexo y solteros. Se sostuvo que los menores así criados tienen un desarrollo sexual atípico y relaciones complejas con las personas del sexo opuesto. Finalmente, los argumentos políticos fueron empleados principalmente en el caso de las cartillas y del plebiscito; eventos en que podría decirse que la ideología de género aparecía como una política de Estado. Para el caso de las cartillas, se dijo que eran un “proyecto de homogenización de los niños, niñas y adolescentes”, “colonización homosexual en las instituciones educativas del país”, e “implantación de un modelo educativo no compartido por la mayoría de los padres”. En el caso del plebiscito, se dijo que el acuerdo de paz pretendía la imposición enmascarada o soterrada de la ideología de género.

 

A modo de conclusión

Al igual que en algunos contextos europeos, donde acontecieron múltiples movilizaciones contra proyectos con perspectiva de género y a favor de la igualdad sexual, la irrupción de la campaña contra la llamada “ideología de género” en Colombia responde a un fenómeno de carácter trasnacional, que ha penetrado las redes conservadoras existentes permitiéndoles forjar nuevas alianzas y continuar su lucha por la erosión de los avances significativos en el país gracias, en buena medida, a las luchas feministas. En todos los casos han utilizado ventanas de oportunidad estratégica para aparecer en el debate público haciendo perentoria una reacción cultural en la política para defender la democracia y los derechos humanos. Además de algunos nuevos actores como las iglesias evangélicas, esta campaña retrógrada contra la igualdad y el respeto de los derechos humanos para todas las mujeres, se nutre de una particular forma de acción: la movilización en torno a “falsas verdades” a través de redes sociales para defender el status-quo en sexualidad y reproducción. Con el fantasma de la “ideología de género”, los conservadores extremistas han activado palabras ligadas a un marco que denota todo lo que promueve el feminismo, de manera que cada vez que usamos su lenguaje así sea para negar “no somos ideólogas de género”, estamos resaltando su marco. No el nuestro. Cuando negamos un marco, al usar el lenguaje con el cual lo transmitimos, también lo estamos evocando (Lakoff).

En todo caso, la disputa que estos ideólogos plantean se orienta a crear “pánico moral”, lo que nos obliga a reafirmar que el feminismo no existe en el “vacío moral” sino que al contrario, los valores que lo sustentan son la base de sociedades igualitarias en las que las mujeres puedan ser sujetos plenos, y en donde la diversidad no sea sólo tolerada sino respetada e incorporada en todas las esferas de la vida social. Una sociedad en la que las familias, en toda su diversidad, sean espacios seguros y no de opresión, y en la que a cada mujer se le reconozca capacidad moral para tomar decisiones en todas las esferas de su vida, empezando por la más esencial, inherente a su libertad: su cuerpo. Como sugiere Lakoff en su libro “no pienses en un elefante”, “lo que nos acerca son nuestros valores, y debemos aprender a expresarlos alto y claro” (pos.43, Kindle). Las palabras refieren a un marco, en nuestro caso, al marco de la igualdad y los derechos, y cuando hablamos, lo estamos evocando.

 

* Este artículo se basa enteramente en la investigación realizada por Laura Castro bajo la dirección de Ana Cristina González Vélez y Beatriz Quintero (Red Nacional de Mujeres, Articulación Feminista Marcosur) para Flora Tristán. La versión completa de esta investigación será publicada próximamente en un libro del fondo editorial de Flora Tristán. Para su desarrollo se consultó una amplia bibliografía así como una amplia cantidad de artículos de prensa y sitios web.

 

Tomada del portal web de Blue Radio, Multitudinarias marchas contra ministra Parody por cartillas de educación sexual, 10 de agosto de 2016.

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