«Ante el resurgimiento de la derecha; acción, acción, acción»

Entrevista a Dora Barrancos

El mundo se está volviendo más conservador, con gobiernos —democráticos y no democráticos—que muestran un retroceso en el avance y cumplimiento de derechos. Pero las feministas, las mujeres organizadas muestran cada vez más su capacidad de reacción, de reclamo, de propuesta, de defensa de lo conquistado.

Ni Una Menos en Argentina y la región, la marcha de las mujeres en Washington y en decenas de ciudades de Estados Unidos y de otros países, el llamado a un paro internacional de mujeres para el 8 de marzo o el «lunes negro» de Polonia en defensa al derecho a decidir por la interrupción voluntaria del embarazo, son solo algunos de los ejemplos de apropiación masiva de los postulados del feminismo.

Poland-Abortion-Ban. La Vanguardia-WebDora Barrancos, una de las referentes indiscutidas del feminismo —histórica y actual— tanto militante como académico de Argentina, comparte su lectura de estos hechos. El «panorama es oscuro» —arriesga— y puede haber un retroceso en derechos, pero no es pesimista: confía en el poder de reacción de las mujeres organizadas. Su respuesta alienta a la «acción, acción, acción».

—Por un lado, avanza la derecha, con el ejemplo más burdo de Donald Trump en Estados Unidos pero en América Latina también, incluso en Europa…

—¡El panorama es oscuro en todas partes!

—En la región, el feminismo o por lo menos muchas de sus demandas —porque no es exactamente lo mismo— están ganando legitimidad. Por ejemplo, el grito colectivo Ni Una Menos por el derecho a tener una vida sin violencias o la discusión de leyes de paridad en el Congreso en varios países. ¿Cómo podría afectar este avance de la derecha en la región y el mundo, con respecto a las demandas históricas y nuevas del feminismo?«Ni una menos», marcha en Argentina. Foto: Cecilia González.

—Venían demandas en alza y me parece, sí, que hay una cierta posibilidad de que se retroceda en derechos. Estamos, por un lado, ante la evidencia de que la derecha ha tomado posesión del mapa de la gobernanza. Incluso, está ingresando en circunstancias muy severas, como es el caso de Jujuy con una pérdida real del Estado de Derecho para entrar en un estado de excepción en el que el Poder Ejecutivo ha colonizado los otros poderes y esto ha permitido hacer, por ejemplo, lo que se hizo en relación a Milagros Sala.1 Son las primeras detenciones políticas en Argentina. Dentro de este horizonte tan oscuro es interesante lo que ocurre. Cuando Carlos Menem (ex presidente de Argentina) llevó adelante la ley de cupo que puso un piso del 30% para diputadas y senadoras, el panorama era todo era negro. Argentina venía de la famosa conferencia de población sosteniendo posiciones pronatalistas. El neoliberalismo agotaba el Estado, vendía todas nuestras empresas, todo se maximizaba en orden a una pérdida y retroceso de derechos. Y ahí creo que Menem pensó que algo había que ceder, en especial a las feministas del peronismo, que no eran pocas pero tenían voces muy contundentes. No estoy de acuerdo para nada en que haya cuestiones que se repitan, para mí la historia no se repite jamás, estamos frente a otras circunstancias, el panorama no es el que teníamos con Menem. En la región ha habido un alza en materia redistributiva y de derechos que va a tener un impacto seguro en las reacciones. Pero, entonces, veníamos en alza, y frente a la posibilidad de una pérdida efectiva de derechos, estamos redoblando la apuesta. Si, en 2015, hubo una movilización por Ni una Menos en Argentina, en 2016 hicimos dos con una huelga de mujeres, que es todo el desafío. También doblamos la apuesta con el proyecto de despenalización del aborto. Estoy lejos del pesimismo en estas cuestiones, intento estar más cerca del realismo pero nadie sabe.

—Cuando dice que puede haber un retroceso de derechos, ¿se refiere en cuanto a la conquista de nuevos derechos o a la efectivización de los que ya se han reconocido —que son muchos, aunque faltan algunos claves como la interrupción voluntaria del embarazo—?«Ni una menos», Buenos Aires. Foto: J. López RF.

—Hay algo raro que está ocurriendo en Argentina con relación al fallo de la Corte Suprema sobre el aborto no punible.2 La provincia de Buenos Aires se lo engulló y ha vuelto para atrás. En algunos casos, se plantean estos retrocesos como el de la provincia de Buenos Aires. Y, en otro, azuzan pero están dispuestos a aceptar. Lo del aborto nos puede salir bien como lo del cupo; el cupo no se iba a votar esa famosa noche y a las 22 horas, salió. Sobre el retroceso real de derechos, es cierto: los derechos sociales están retrocediendo y lo que avizoro es que en materia de empleo femenino las mujeres van a ser las más perjudicadas porque ya estaban más fragilizadas; las mujeres de sectores populares se van a encontrar en situación de mayor labilidad. Además, los contextos de peores empleos son un combustible para mayores agresiones, las crisis impactan fuerte en las familias populares, pueden asomar mayores convulsiones con respecto a malos tratos. No es que retrocedemos en la ley, retrocedemos en el derecho efectivo.

—¿Cuáles serían entonces las estrategias que hay que plantearse desde los movimientos de mujeres y feministas en este contexto?

—Acción, acción, acción. Acción discursiva y manifestación en todo lo que podamos en cualquier escenario público. Con relación a las movilizaciones en las calles, como Ni Una Menos, tampoco debemos sobreutilizar el instrumento. Si lo hacemos, la movilización masiva puede llegar a declinar: no todos los días las mujeres estamos en condiciones de salir a las calles. Pero es un hito y ha venido para quedarse, como el Encuentro Nacional de las Mujeres, que en Argentina lleva 31 ediciones.

—Lo impresionante es que Ni Una Menos va tomando fuerza en toda la región. En Perú, por ejemplo, fue muy fuerte. Hay algo que el feminismo hizo muy bien, que fue crear las condiciones para que esto suceda, no salió de la nada.«Million Women March» en Washington. Foto: John Taggart.

—Totalmente. Lo notable es que hay una movilización de las subjetividades femeninas y también de los propios varones, pero sin una necesidad de una identificación con el feminismo. Hay toda una corriente de la afirmación de los derechos a una vida libre de violencias, agenda fundamental del feminismo y que ha sido absorbida por millares y millares de congéneres. Ninguna de las feministas le estamos reclamando a nadie esta identificación.

—Existe toda una corriente del feminismo descolonizador que es muy crítico con el término «género» porque dice que, al institucionalizarse, banaliza las luchas del feminismo, su radicalización y potencia. Pero, a la vez, también se puede decir que el término «género» ingresó con más facilidad a otros espacios, lo que permitió que las demandas que representa hayan ganado terreno. ¿Qué opina?

—Tengo muchas colegas y amigas muy queridas en la llamada posición postcolonial o decolonial. No quiero profundizarlo, pero tengo una serie de observaciones. Lo que no se está diciendo es que los conceptos son instrumentos para la lucha. Una misma a veces utiliza una noción y, a veces, otra. Los conceptos son estrategias, son instrumentales. Entonces, aquí nada más claro que lo que dijo Judith Butler cuando pone en jaque el propio concepto —ojo, lo jaquea, no quiere decir que lo elimine, para nada— y de repente dice, bueno, me di cuenta que la palabra género era una incomodidad enorme para las fuerzas conservadoras. De hecho, hoy día, de la misma manera que nuestras colegas postcoloniales dicen eso que decís, los conservadores dicen expresamente «tenemos que contrariar la ideología de género». Esto significa que «género» es potentísimo. Es un arma potente, es un concepto puente, como todos los conceptos. Entonces, nos vino muy bien en aquel momento histórico en que franqueamos las puertas académicas. Nosotras nos arreglamos bien pensando que era toda una estrategia. «Género» es un concepto provisorio, siempre se ha dicho. Y vamos a ver en qué deriva, qué otras connotaciones le vamos a dar. Hoy lo estamos utilizando como un instrumento fundamental en nuestras luchas reivindicativas, de modo que abdicar del concepto por un problema de principios basados en no sé qué no es una buena estrategia si queremos llegar a determinados objetivos. Desde luego, decimos siempre desde un punto de vista académico más correcto que no es violencia de género, es violencia hacia las mujeres. Pero por economía una misma dice violencia de género porque en algunos públicos, en algunos territorios, en algunas mentalidades, esto coagula mucho mejor en orden a nuestro interés. Entonces, soy la que digo que todas las palabras son buenas en orden a una mejor instrumentación de nuestros combates.

 

1. Milagro Sala es una dirigente política, social e indígena de Argentina. En enero de 2016, fue arrestada debido a un acampe realizado contra el gobierno provincial. Diversas organizaciones sociales y políticas, incluidas organizaciones internacionales como la CIDH, consideran que es una detención política e ilegítima. En paralelo, Sala es investigada judicialmente por casos de corrupción.
2. La Corte Suprema de Justicia de la Nación argentina dictó un fallo en el que interpreta el artículo del Código Penal sobre aborto no punible y zanjó una vieja discusión sobre si el embarazo en caso de violación estaba o no contemplado. Además de establecer que el Código Penal sí lo contempla, interpeló a las provincias a dictar protocolos de actuación para la atención de esos casos, incluyendo la violación (así como el peligro en la salud o vida de la madre en caso de continuar con el embarazo), con el objetivo de evitar la judicialización de estos casos y la subsiguiente demora y revictimización.

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