Colombia: Paz, diversidad y feminismo

Desde que iniciaron las conversaciones para lograr el acuerdo de paz entre las FARC-EP y el gobierno nacional, habíamos estado muy activas para que en éste se incluyeran criterios de igualdad y no discriminación frente a las mujeres, pues estábamos convencidas de que sin estas dos categorías, la paz no sería conseguible ni duradera.

Nuestro trabajo se enfocó en alimentar estas conversaciones con lo que llamamos Las Cinco Claves por un Tratamiento Diferenciado de la Violencia Sexual en el Acuerdo de Paz, una propuesta que construimos conjuntamente varias organizaciones de mujeres: la Red Nacional de Mujeres, la Corporación Humanas y la Corporación Sisma Mujer. Estas claves se centraban en los derechos de las víctimas. Cuando finalmente se firmó el acuerdo, el 26 de septiembre de 2016, celebramos el hecho de que incluía medidas afirmativas que reconocían que las mujeres y las personas sexualmente diversas habían sufrido de manera especial las consecuencias del conflicto y, en consecuencia, se llevarían a cabo acciones para garantizar la reparación y la no repetición.

Tal como habían acordado los negociadores, después de la firma se convocaría a un plebiscito para que la ciudadanía refrendara el acuerdo. Desde las primeras conversaciones entre la guerrilla de las FARC-EP y el gobierno, había grupos que se oponían al acuerdo de paz, los más conservadores y religiosos, y las campañas para menoscabar el acuerdo y sus alcances no se habían hecho esperar. Toda clase de mensajes circulaban en medios masivos y en redes sociales. De acuerdo con estos mensajes, una vez firmado el acuerdo, Colombia pasaría a ser un país gobernado por los guerrilleros y en el cual las más sagradas instituciones serían arrastradas por el piso. Neologismos como “castrochavismo” (es decir, una forma de gobierno dictatorial, en cabeza de los guerrilleros que combinaría los “terrores” y “errores” del chavismo y del comunismo cubano) y “Cubazuela” (esto es, una nueva república con este nombre que sería más pobre y aislada que Cuba y más “comunista” que Venezuela), llegaron a ser expresiones comunes en el lenguaje de la gente. Sin embargo, y como se demostró posteriormente en la votación del plebiscito, por lo menos el 50% de la población colombiana apoyaba el acuerdo, y quienes lo apoyábamos éramos optimistas ya que, como decían las encuestas, ganaríamos por una amplia mayoría. Hubo marchas por el y marchas por el NO, pero jamás creímos que el resultado iba a ser adverso al acuerdo de paz.

El 2 de octubre el perdió el plebiscito. Surgió otro neologismo: la plebitusa. Quienes confiábamos en una refrendación ciudadana masiva quedamos tan tristes como cuando se termina una relación de amor (estado que en Colombia llamamos tusa).

 

Marcha 25 de noviembre. Fotos: Red Nacional de Mujeres

 

Esta pérdida, que sorprendió al mundo entero, tenía sus antecedentes. Las campañas publicitarias de desinformación no solo habían promovido el pánico al “castrochavismo” sino que se habían valido de un incidente al que los grupos antiderechos le sacaron un gran rédito político. Con el fin de apoyar el desarrollo de competencias ciudadanas de niños, niñas y jóvenes en torno al ejercicio de los derechos humanos (incluidos los derechos sexuales y reproductivos y el respeto por la diversidad de géneros), el Ministerio de Educación Nacional, en cabeza de Ginna Parody, que se había separado del líder del Centro Democrático, el expresidente Álvaro Uribe Vélez (justamente por desacuerdos en torno a la paz en el país), elaboró y publicó unas cartillas que apuntaban a apoyar a los maestros y maestras para formar a niños y jóvenes en el respeto a las mujeres y a las diferentes opciones sexuales… La respuesta a las cartillas fue desproporcionada y su mayor “logro” fue poner a circular el término “ideología de género” en redes sociales, blogs y medios masivos de comunicación, barrios de diversos estratos socioecómicos, iglesias de diferentes denominaciones, pasillos y salas de juntas de oficinas y reuniones de amigos y familiares. Fueron miles los mensajes que se produjeron de acuerdo con los cuales la “ideología de género”, el punto central del acuerdo de paz, según ellos, era el arma que tenían los delegados del demonio para que Colombia no fuera solo un régimen “castrochavista” sino perverso y en el que se educaría a los niños y las niñas para que se volvieran homosexuales, transgénero y lesbianas.

Sin lugar a dudas, el posicionamiento de la expresión ideología de género (sic) tuvo un peso enorme en la votación negativa del plebiscito. Nadie sabía muy bien lo que significaba “la ideología de género”, pero los colombianos y colombianas repetían mecánicamente lo que les decían algunos periódicos y, especialmente, las redes sociales sobre el enorme mal que iba a ascender al país desde el infierno mismo. En consecuencia, hubo que utilizar cualquier foro, público o privado, para aclarar que no había tal cosa como la ideología de género, que simplemente era una artimaña, de vieja data en el continente, inventada por unos cuantos y publicitada por muchos, y que lo que había sobre género en el acuerdo de paz no era más que el justo reconocimiento de que las mujeres y las personas diversas en cuanto al género habían sufrido consecuencias desproporcionadas por el conflicto armado y que, por ello, había que repararlos y garantizarles la no repetición. Aun así, el resultado fue la derrota del al acuerdo.

 

GPaz   

Como quedó planteado en el documento El género en la construcción de la paz: la sociedad que queremos ser en la pos guerra[1], del cual son tomados varios apartes de este artículo, el fracaso en las urnas interpeló nuestro proyecto feminista: ¿Estaba claro lo que era el enfoque de género en la paz? ¿Por qué lograron confundir a la sociedad respecto a lo que realmente significaba dicho enfoque? ¿Cómo estamos comunicando nuestra propuesta de sociedad? ¿Qué tan claros son nuestros mensajes, los cuales no tuvieron suficiente audiencia, incluso entre mujeres organizadas a quienes hemos acompañado por décadas? ¿La defensa del género la podíamos seguir haciendo de manera separada los movimientos feministas y LGBTI como fue durante el proceso de negociación en La Habana o la realidad había puesto de manifiesto la necesidad de construir una estrategia común?

Las respuestas a estos y muchos otros interrogantes nos llevaron a concluir que era urgente conformar un grupo de trabajo cuyo accionar complementaría lo que ya venían haciendo los grupos de mujeres para que el enfoque de género quedara incluido en el acuerdo de paz. La tarea inmediata era lograr que en la fase posterior a la pérdida del plebiscito y en las reformas que se acordaron que se le harían al acuerdo como resultado de la derrota del , el enfoque de género siguiera estando presente.

Y conformamos GPaz (Género en la Paz), un grupo integrado por activistas, feministas, comunidad LBTI, académicas, víctimas y defensoras de derechos humanos. La diversidad en su conformación y el trabajo que estamos desarrollando es la respuesta a varios de los retos asumidos después del plebiscito: la defensa del género en la paz exigía una argumentación solvente desde una perspectiva feminista y de los derechos humanos que lograra integrar la mirada de las activistas feministas, pero también de las activistas LBTI, académicas, víctimas del conflicto y defensoras de derechos humanos.

 

Manos a la obra

Mientras seguíamos consolidando GPaz, en los días siguientes al 2 de octubre de 2016 (día del plebiscito sobre los Acuerdos de Paz) impulsamos dos procesos: de un lado construimos una argumentación desde el enfoque de derechos humanos que sirviera de fundamento a la perspectiva de género a partir de un análisis riguroso de la categoría en el primer acuerdo y nos dimos a la tarea de profundizar en la comprensión de los orígenes y razones de los argumentos que cuestionaron la inclusión del enfoque de género, de manera tal que pudiéramos dimensionar el impacto que dichos argumentos podrían alcanzar en los ajustes al acuerdo.

En cuanto a la construcción de una argumentación sólida, ahondamos en el sentido del enfoque de género desde el principio de igualdad y no discriminación, cuyo fundamento se encuentra en los tratados internacionales firmados por Colombia, la Constitución y las leyes que preceden el acuerdo de paz y al cual debía sujetarse este.

 

Miembros del Comité de Escogencia

 

Posicionamos el enfoque de género como una categoría de análisis para la realización de esta igualdad e hicimos énfasis en que este enfoque implica adoptar medidas afirmativas para afrontar la discriminación y remover los obstáculos para el goce efectivo del derecho a la igualdad. Además, nos dedicamos a ver cuáles eran las situaciones de discriminación contra las mujeres y la comunidad LGBTI en el acuerdo, y cuáles eran las medidas afirmativas. Entendimos el debate posterior al plebiscito como una oportunidad para reafirmar el enfoque de género y lograr mayor precisión en el acuerdo.

En cuanto al segundo aspecto, esto es, las razones y orígenes de los argumentos en contra de la inclusión del enfoque de género, estudiamos juiciosamente las manifestaciones religiosas opositoras al acuerdo: documentos, videos, escritos producidos por estos actores nos dieron elementos suficientes para conocer sus razones, a pesar de la falta de argumentos sólidos de la mayor parte de ellas. Este ejercicio nos permitió ponderar la fuerza de la incidencia de los grupos conservadores y fundamentalistas en el ajuste al acuerdo. Sabíamos que crecía su capacidad de presión al gobierno y a las FARC pues eliminar el enfoque de género del acuerdo o reformarlo sustancialmente tenía más posibilidades de ser aceptado –otra vez nos volvíamos moneda de cambio– que modificar el régimen de sanciones para la guerrilla, su elegibilidad política o las condiciones de democratización de la propiedad rural acordadas entre las partes.

En consecuencia, debatimos durante horas cuáles eran los mínimos no negociables: ¿Aceptaríamos cambiar las categorías de orientación sexual diversa y de identidad de género diversa por la de personas LGBTI? ¿Accederíamos a reducir la noción de género? Estos conceptos constituían la fuente del reclamo de algunas confesiones religiosas al acuerdo.

El 26 de octubre entregamos a la Mesa de Conversaciones nuestra producción, aunque continuamos haciendo incidencia con quienes tenían la tarea de revisar el acuerdo después de terminadas las conversaciones del gobierno con la oposición. Un mes después, con el nuevo acuerdo, podríamos constatar el efecto de nuestros aportes.

El 24 de noviembre se selló el Acuerdo de Paz del Colón. Y aunque no existe consenso al interior del movimiento de mujeres y feminista, inclusive en GPaz, sobre el alcance del ajuste en materia de género en el segundo acuerdo, el balance general es positivo: como quiera que la Mesa de Conversaciones recogió el enfoque de derechos humanos propuesto para explicar la perspectiva de género desde el derecho a la igualdad y la no discriminación, en el acuerdo final se precisó que “ningún contenido… se entenderá e interpretará como la negación, restricción o menoscabo de los derechos de las personas independientemente de su sexo, edad, creencias religiosas, opiniones, identidad étnica, por su pertenencia a la población LGBTI o por cualquier otra razón, ni tampoco del derecho al libre desarrollo de la personalidad y del derecho a la libertad de conciencia”. ¡Lo habíamos logrado pese al retroceso que significó la pérdida del plebiscito! El acuerdo de paz incluye el enfoque de género y esto no tiene reversa. De hecho, la Corte Constitucional ha estipulado que los tres gobiernos siguientes (hasta 2029) no pueden modificar el acuerdo de paz y esto también se refiere al enfoque de género. Nos espera un enorme trabajo pero, como siempre, lo haremos con toda la fuerza que hemos ganado.

 

 

#MujeresSíHay

 

Una vez aprobado el acuerdo final vía el Congreso, atendiendo a los requerimientos del fast track (o vía rápida… un mecanismo que reduce el número de debates en el Congreso que se requieren para la aprobación de leyes y reformas constitucionales) se procedió a la constitución y el nombramiento de miembros de las diferentes instancias de decisión en el marco de la justicia transicional.  

En este contexto y dado que después de que se firmó el Acuerdo del Colón, GPaz se ha dedicado a acompañar su implementación en todos los puntos para asegurar la inclusión del enfoque de género, nos dimos a la tarea de evaluar cuál era la participación de las mujeres en las instancias decisorias que se habían ido conformando. Para nuestra sorpresa, en agosto de 2017, constatamos que quedaron constituidas mayoritariamente por hombres:

 

  • Comisión de Seguimiento, Impulso y Verificación a la Implementación del Acuerdo (CSIVI): 16,66% de mujeres.

 

  • Notables del Componente Internacional de Verificación: 0% de mujeres.

 

  • Consejo Nacional de Reintegración: 25% de mujeres.

 

  • Misión Electoral Especial: 33,33% de mujeres.

 

  • Comité de escogencia de miembros del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición: 20% de mujeres.

 

  • Mecanismo de Monitoreo y Verificación: 0% de mujeres.

 

  • Dirección de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas: 100% de mujeres.

 

  • Comité Nacional de Paz - Consejo Nacional de Paz, Reconciliación y Convivencia: 14,28% de mujeres.

Evidentemente, estos porcentajes para nada daban cuenta de lo estipulado en la Resolución 1325 de 2000 del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, la cual insta a los Estados miembros a velar porque aumente la representación de la mujer en todos los niveles de adopción de decisiones de las instituciones y mecanismos nacionales, regionales e internacionales para la prevención, la gestión y la solución de conflictos. Estas bajas cifras también se veían reflejadas en el nombramiento de las personas encargados de elegir a los miembros de las salas y secciones de la JEP (Jurisdicción Especial de Paz). Como se sabe, la Jurisdicción Especial de Paz, JEP, es el componente judicial del Sistema Integral de Verdad, Justicia, Reparación y No Repetición acordado entre el gobierno colombiano y las FARC-EP. Está conformada, en primera instancia, por una Sala de Reconocimiento de Responsabilidad que recibirá la información y los reconocimientos de responsabilidad y los contrastará. Esta sala identificará los casos más graves y representativos e individualizará las responsabilidades. Luego, según sea el caso, las personas que accedan al sistema podrán pasar a la Sala de Amnistías o Indultos donde se otorgarán indultos a los investigados o condenados por delitos políticos y conexos. La otra posibilidad es que el acusado vaya a Sala de Definición de Situaciones Jurídicas. De ahí, se presentará ante el Tribunal de Paz, cuya función será proferir sentencias, e imponer y fijar las condiciones para su ejecución. Al Tribunal de Paz irán quienes tuvieron una participación determinante en los crímenes más graves y representativos. Dada la importancia de este sistema judicial transicional, nos preocupaba que de los cinco miembros del Comité de Escogencia, solo una es mujer: Claudia Vacca, profesora de la Universidad Nacional de Colombia. Los comisionados habían sido designados por el Consejo Europeo de Derechos Humanos, el Secretario General de la ONU, los magistrados de la Sala Penal de la Corte Suprema de Justicia, la delegación en Colombia del Centro Internacional de Justicia Transicional (ICTJ) y la Comisión Permanente del Sistema Universitario del Estado, que designó a la profesora Vacca.

A estas alturas, los resultados no eran alentadores pero otra oportunidad llegó cuando se postularon más de dos mil personas para conformar las diferentes instancias de la JEP. En cifras crudas, para el Tribunal de Justicia Especial se postularon 751 personas de las cuales 251 son mujeres. Para las Salas de Justicia Especial se postularon 1.538 personas de las cuales 637 son mujeres. De este número de postulantes, la comisión debía escoger 51 magistrados. El mecanismo elegido no iba a ser el concurso de méritos sino las hojas de vida y las entrevistas.

Como ciudadanas, y ante la invitación pública del Comité de Escogencia a hacer observaciones, decidimos como GPaz realizar un informe sobre las mujeres postulantes. Para ello, establecimos una metodología de trabajo que consistía en asignarles puntajes. Para conocer la lista de los postulantes nos fundamentamos en la base de datos publicada por el Comité de Escogencia en su sitio web y en los datos de las hojas de vida registradas. Partiendo de allí, elaboramos una nueva sistematización teniendo en cuenta los siguientes criterios:

- Pertenencia a una minoría étnica.

- Diploma o formación específica en temas de género y LGBT.

- Lugar de la experiencia profesional.

- Experiencia de trabajo en temas de género o LGBT.

 

Además del puntaje asignado a cada postulante, advertíamos sobre una lista de candidatas con perfiles problemáticos, esto es, mujeres que no tienen conocimiento comprobable sobre el enfoque de género, han exhibido posturas contra los derechos humanos de las mujeres, se han visto involucradas en temas de abuso de poder o han sido señaladas por corrupción. Les enviamos nuestro análisis a los comisionados.

 

 

La campaña

 

En septiembre, y previo a la designación final de los y las postulados, relanzamos una campaña en Twitter con el hashtag #MujeresSíHay. Esta estrategia ya había sido diseñada con la idea de activarla en cada coyuntura. Su propósito es visibilizar los perfiles de mujeres talentosas y calificadas para promover su participación en instancias de toma de decisión y poder, y romper los techos de cristal en la rama ejecutiva, legislativa y judicial. Se trata de promover la participación de las mujeres en posiciones de liderazgo y decisión, lo cual no solo es un imperativo democrático, sino un compromiso con la educación y el mérito, y una expresión de paz, en la medida en que la presencia de las mujeres contribuye y a la vez refleja una sociedad más justa e incluyente. 

En el marco de esta campaña, en esta oportunidad posicionamos mensajes relacionados con la importancia, para la construcción de la democracia y de la paz, de que las mujeres estemos en los espacios en los que se toman decisiones. Con nuestros mensajes también insistimos en la preparación que las mujeres elegidas para estos cargos deben tener para identificar, investigar, esclarecer, juzgar y sancionar no solo el abuso sexual sino cualquier otro tipo de violencia ejercida en contra de las mujeres y otros grupos vulnerables en medio del conflicto.

La campaña fue tendencia en Twitter y miles de personas participaron con sus opiniones y sus propios mensajes.

 

Resultados en la JEP

En total, de los 51 magistrados para los tribunales y salas de la JEP, fueron escogidas 28 mujeres frente a 23 hombres, distribuidos así:

 

  • Titulares del Tribunal de Paz: 9 mujeres, 11 hombres.

 

  • Titulares de las Salas de Justicia: 11 mujeres, 9 hombres.

 

  • Suplentes del Tribunal de Paz: 3 mujeres, 4 hombres.

 

  • Suplentes de las Salas de Justicia: 5 mujeres, 1 hombre. 

 

De las mujeres calificadas por GPaz como con perfil problemático ninguna fue seleccionada. De las cuatro que calificamos con cuatro puntos (el puntaje más alto) fueron elegidas dos. De aquellas con puntaje de 1 (el puntaje más bajo) fueron elegidas dos. ¡En este caso se logró la tan necesaria paridad! (Las mujeres representamos el 54% de los magistrados y los hombres el 46%). Además de esto, la composición del tribunal y las salas refleja la diversidad de nuestro país, algo por lo que las feministas siempre hemos luchado: 10,53% de los magistrados son afrocolombianos, 10,53% son indígenas y 61% proceden de lugares distintos a Bogotá.

Este resultado es alentador en muchas dimensiones: la participación de las mujeres en las instancias decisorias, es decir, en la aplicación de las leyes de justicia transicional acordadas, se fortalece. También muestra la voluntad política de los integrantes del sistema de justicia implementado por el acuerdo de oír a la ciudadanía y de oírnos a las mujeres… Esto no es poco. Sabemos que el tejido del cambio hacia la democracia y la paz con igualdad y sin discriminación tiene hilos legislativos y culturales que, conjuntamente, conforman el lazo en el que se equilibran los grandes cambios. Sabemos que Mujeres Sí Hay y que el trabajo del feminismo en Colombia produce resultados transformadores. Y aunque sabemos que los grandes cambios no se dan en un abrir y cerrar de ojos, seguimos luchando por la igualdad porque como lo hemos dicho en repetidas ocasiones, “sin las mujeres, la democracia no va” y sin democracia efectiva y real, ninguna paz será duradera.

 

 

[1] Claudia Mejía. Sisma Mujer. Red Nacional de Mujeres, GPaz.

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