Educación laica, democracia y plurarismo

La educación laica, instrumento de afirmación de un Estado laico, no es neutral. No es neutral en su convocatoria, es plural: al abrir la puerta a todos y todas eligió no seleccionar al alumnado. Convoca a todos sin distinción de clase, sexo, credo o etnia. Los convoca a todos y todas no por una actitud de neutralidad o de “no me importa” sino porque en esa convocatoria se conjugan valores. El fundamental: la convivencia respetuosa entre diferentes. El valor de la equidad, el de la igualdad de oportunidades, el del respeto hacia los otros y el saber que es esencial para la vida democrática que estos valores no queden en el plano declarativo sino en el práctico.La educación laica permite crecer en contacto directo con las diferencias, sin temores o pánicos de ninguna especie, no para intentar homogeneizar sino para respetarlas.

La educación laica no es neutral tampoco en sus herramientas didácticas. Elige la razón y el bien común como herramientas fundamentales para construir conocimiento en el proceso de enseñanza aprendizaje.

 

 

La educación laica es racional. Algunos se alarman porque tenga la razón como motor. Los valores de equidad e igualdad de oportunidades están detrás de esta opción por la razón. La capacidad de razonar y el ejercicio de la inteligencia, como herramientas para resolver problemas, son tan esenciales, que son condición exclusiva de los seres humanos.

En la educación laica poco a poco vamos aprendiendo a descubrir, a manejar y a aplicar los fundamentos y las leyes del mundo en que vivimos. En el mundo real, los bebés son bebés cuando nacen y los muñecos de plástico son muñecos de plástico y nadie puede asesinarlos.

Es bastante frecuente –nos enseñaba un docente francés de didáctica de las ciencias–que en el preescolar, al experimentar con el agua que se deja hervir, los pequeños observen su “desaparición” como un acto de encantamiento. Lo mismo sucede cuando aplican un secador de pelo al cabello recién lavado de una muñeca. Al preguntar dónde está el agua, lo más común es que la busquen dentro de la misma cabeza.

Los docentes enseñamos a través de explicaciones racionales y de la experimentación y eso no impide la comprensión ni la participación en el mundo de las creencias. Solo los fundamentalistas temen a la razón como herramienta educativa.  En el mundo conviven millones de seres que desde la razón no temen al mundo de las creencias y participan activamente en él.

La razón no excluye la fe religiosa. La educación laica tampoco. Simplemente no es neutral.Elige no educar en la fe, no tiene vocación confesional ni adoctrinadora. La fe y los dogmas no están ausentes de la educación laica, se estudian. Pero la educación laica no tiene como objetivo educar en la fe ni en el dogma, no busca formar acólitos busca formar ciudadanos. La educación confesional busca formar creyentes. Una es inclusiva, la otra excluyente. Recuerdo ahora que una amiga que se educó en colegio de monjas me contó que sólocuando llegó a la Universidad comprendió que no todo el mundo era católico.

El Estado uruguayo terminó su proceso de secularización acomienzos del siglo XX. Cada tanto, la iglesia católica intenta recuperar terreno arremetiendo contra la educación laica. A veces brutalmente, como lo hacía Monseñor Cotugno, y otras más sutilmente según el sucesor de turno de San Pedro. A veces señalando a los homosexuales como enfermos, a veces diciendo que igual tienen cabida en la iglesia, a veces negando y escondiendo a los curas abusadores, a veces pidiendo perdón por ellos. Siempre intentando recuperar el camino perdido, afirman que la educación laica carece de “valores de vida” cuando, en realidad, los valores se aprenden tanto en la educación laica como en las escuelas confesionales. Algunos coinciden, otros se contradicen.

Por ejemplo, para nuestra educación pública el divorcio es una posibilidad legal que ofrece el Estado laico. Todos sabemos que se divorcian creyentes y no creyentes. El Estado laico abre la posibilidad y deciden los seres humanos. Para los creyentes es un pecado. La posibilidad legal no obliga, el dogma sí.

Hasta hace poco la interrupción del embarazo en forma voluntaria constituía un delito. En el Uruguay laico esto no era así hasta que por la presión de la Iglesia Católica se volvió delito en 1938.Hoy, gracias a la presión del movimiento de mujeres, el aborto voluntario se despenalizó y el Estado uruguayo, laico, recuperó su papel de guardián de la igualdad de oportunidades y se desentendió de las decisiones de lo privado e íntimo de las personas,asegurando condiciones de seguridad sanitaria, jurídica y psicológica a quienes opten por practicarlo. Pero además, aun antes de la despenalización, el Estado uruguayo hablaba de delito de aborto, no de homicidio, ladenominaciónterrorista de “asesinato”corresponde a la Iglesia Católica.

 

Cuando se han dado pasos para instrumentar la educación sexual y se publican materiales de consulta para los docentes, los fanáticos denuncian que se promueve el aborto, la homosexualidad o el divorcio, tergiversando la realidad: en la educación laica no se promueven como “valores de vida” el aborto, el divorcio o la homosexualidad, como tampoco se promueve la heterosexualidad, el mantener una relación que no funciona, ni el tener hijos no deseados, sino como posibilidades diversas de decisiones de los seres humanos.

En la educación laica los dioses, las iglesias y los cultos no están ausentes. Se estudian en su diversidad, se estudia la teoría evolucionista y la creacionista. Se analizan como opciones de vida. En la educacion confesional no hay oportunidad de elegir, se privilegia la adhesión a una de ellas. No es extraño que las demás se vean como enemigas.

La realidad muestra que el poder de las creencias no es todopoderoso y el de la razón tampoco. Salen creyentes de la educación laica y no creyentes de la educacional confesional.

La aceptación del dogma es esencial para el espacio confesional.

La aceptación del dogma, de cualquier dogma, es ajena al espacio laico. Los totalitarismos de cualquier especie son ajenos a un Estado laico que apuesta a la diversidad y al pluralismo.

 

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En una sociedad laica los niños y niñas no pertenecen a los padres ni al Estado. Los seres humanos son considerados únicos y libres y se pertenecen a sí mismos. La educación laica promueve el contacto con todas las posibilidades para que en la vida adulta el ser humano opte responsablemente con la que más le satisface.

La legislación uruguaya entrega a los padres la patria potestad temporalmente hasta que el ser humano pueda hacerse cargo de sus responsabilidades y derechos. Pero en el ejercicio de la patria potestad los padres no son dueños de sus hijos. La educación laica protege a niños y niñas de la “prepotencia amorosa” de sus padres.No hay una asignatura que enseñe esto. La educación laica lo promueve con la práctica del encuentro entre diferentes, en la convivencia.Los valores de la autonomía personal y de la libertad y responsabilidad individual se van cultivando como elementos básicos de la convivencia democrática.

En mi hogar paterno no se admitían objetos colorados. Fue en la educación laica en donde empecé a sospechar que la condición de blanca no era la única posible. Los padres de mi mejor amiga eran comunistas, mis abuelos maternos colorados, y eran también buena gente. Lo comprendí antes de estudiar los partidos políticos y las corrientes ideológicas diversas. Lo comprendí en la convivencia con hijos e hijas de padres de otros partidos. Marianita seguramente se sintió rara en los 70 cuando los vecinos caceroleaban en su cuadra y ni ella ni su familia lo hacían, pero en la escuela del barrio nunca tuvo miedo ni se sintió tratada de distinta manera por ser nieta de un coronel.

La educación laica y el Estado laico no anulan las diferencias, porel contrario las festeja, las“asume”con valentía, en un acto de coraje democrático como pocos, decide trabajar con ellas y aceptarlas como característica de una sociedad plural.

 

La educación laica no anula convicciones ni creencias, las ayuda a construir sin fundamentalismos, porque sin optar por ninguna, las convoca a todas. La elección de una no anula a las demás, que incluso constituyen el marco para la elección inteligente, informada y responsable de referencia plural.

Es tan fuerte este valor aprendido en la práctica de la educación laica que en un mundo globalizado en el que intentamos entrar sin desintegrarnos, nos hace distintos. Estamos entrenados desde pequeños a que es la inteligencia repartida por la naturaleza la clave para distinguirnos en cualquier competencia.Uruguay fue uno de los primeros países en legislar sobre el divorcio por la sola voluntad de la mujer, en promover la ley de Derechos civiles de la mujer, en el voto femenino, en despenalizar el aborto, en legislar sobre concubinato, en legislar sobre matrimonio igualitario.

En nuestras casas aprendemos lo que está bien y lo que está mal. En la educación laica también. La escuela laica nos acerca a la nocióndel bien y del mal, apoyándose en una cuestión fundamental: el Estado democrático. Las leyes, a diferencia de los dogmas, son históricas, se pueden cambiar, no son inmutables,acompañan los cambios culturales y muchas veces los promueven en pos de una mayor  equidad ciudadana y del respeto por la diferencia.

 

Claro que no aprendemos las leyes en el preescolar, pero empezamos a relacionarnos con ellas.Aprendemos que tenemos que llegar a determinada hora, aunque todavía no manejemos el lenguaje horario. Aprendemos que entramos cuando toca la campana larga, y sabemos que no podemos irnos cuando queremos sino cuando toca de nuevo la campana. Aprendemos que esta bien llegar un poco antes de que toque y que está mal llegar después. Aprendemos que cada uno de nosotros tenemos una sillita o un almohadón y que está bien ocupar una sola y que está mal apropiarnos de dos y dejar a un compañero sin silla. Aprendemos que está bien comer la merienda que nuestros padres pusieron en nuestra bolsa y que está mal sacarle la merienda a una compañera. Aprendemos que está bien, aunque esto nos cuesta más, convidar a otro, y que está mal ser egoísta porque “al que come y no convida le sale un sapo en la barriga”. La maestra cada tanto nos invita a volcar nuestras meriendas y nos enseña que eso se llama merienda compartida. Aprendemos que noestá bien empujar, escupir y morder. Aprendemos que para algunas cosas tenemos que ponernos en fila y que está mal colarse. Aprendemos que está bien decir la verdad y que está mal mentir. Todas estas cosas nos las enseñan nuestros padres y las maestras. Estas cosas que tienen que ver con valores de vida y con leyes las aprendí en la escuela laica y en mi casa.

También me di cuenta que si los que me decían que estaba bien llegar temprano, llegaban temprano, me eramás fácil aprendercon un ejemploque si llegaban tarde.

Dicen los detractores de la laicidad, que la religión está alejada de la escuela pública. No es cierto. Yo aprendí de religiones en la educación laica. Aprendí que los seres humanos para explicar cosas que no entendían poblaron el mundo de fuerzas superiores buenas y malas y les llamaron dioses que ubicaron por encima de ellos. Aprendí de magias y religiones. Aprendí también como perseguían a quienes pensaban distinto o a las mujeres a quienes llamaban brujas y las mandaban a la hoguera igual que a los libros de astronomía y física que sostenían explicaciones distintas.

Aprendí todo eso, no me alejaron de la dimensión espiritual pero tampoco me educaron en la fe. Eso era cuestión mía. No me enseñaron dogmas ni me dijeron que mentir fuera un pecado, ni me indicaron que tenía que pedirle perdón a dios. Sí, en algunos casos, que le tenía que pedir disculpas a un compañero por haberlo ofendido. Aprendí en la educación laica aquel audaz pensamiento de Artigas en las Instrucciones del año XIII “libertad civil y religiosa en toda su extensión imaginable”.

Es cierto que no aprendí a portarme bien por temor a ninguno de todos los dioses posibles. Aprendí porque cuando me portaba mal, la maestra o mis padres me ponían en penitencia.Aprendí a no robar, no porque fuera pecado, sino porque robar es un delito. Como ciudadana de este país tengo que cumplir las leyes. Aprendí también que como ciudadana de este país puedo trabajar para cambiar las leyes.

También en la educación laica aprendí que hay cosas que no están bien aunque no sean un delito. Aprendí que no ser solidariaestá mal. Me lo enseñó la maestra. Aprendí que no respetar a midiferente no está bien. Aprendía respetar a la naturaleza. Lo aprendí en la experiencia misma de poner un algodón húmedo en una tapa a la que agregue porotos. La tapa y los porotos al lado de la ventana de la cocina me convocaban todos los días, antes que el cepillo de dientes, esperando y observando. Fiesta colectiva el día en que el brote apenas asomado, empezó a ponerme en contacto con el valor de la producción.

No le recé a ningún dios para que brotara. Había aprendido que lahumedad, el sol y una semilla producen alimento.

Aprendí que está bien amar a los animales y que estámal destratarlos. Lo aprendí transportando cajas con hojas de morera y gusanos de seda, que se transformaban en capullos y mariposas. La cuestión tan temida por algunos de la evolución me resulto sencilla.

Como mi escuela se llamaba Bolivia aprendí además de a cantar el himno y a respetar la bandera de Uruguay, también a respetar la bandera boliviana y a cantar el himno. Y aprendí de las costumbres del pueblo boliviano, que eran distintas a las nuestras. Aprendí a respetarlas como distintas y a ser un poco patriota de Bolivia también. Cuarenta años después de aquellas experiencias de respetar culturas distintas, comprendí la importancia de aquel valor de la educación laica cuyo pluralismo la lleva a poner a las escuelas los nombres de otros países. Estando con mi hijo en un partido de futbol Uruguay-Bolivia sentí una gran humillación cuando algunos silbaron el himno boliviano. No encontré contradicción ninguna entre ese sentimiento y mi deseo de que ganara Uruguay.

Aprendí sobre la participación ciudadana antes tener credencial cívica, y aprendí que estaba bien participar como derecho y como responsabilidad, cuando en el Liceo Bauzáel director nos invitó a ayudarlo a organizar un elecciones iguales a las nacionales, con lemas, ley de restos y voto obligatorio. Ahí aprendí que votar es importante y que el voto es el acto más igualitario en un país democrático, todos valemos uno.

Para quienes dicen que la educación laica no tiene valores, para quienes en educación sexual dicen que hay que educar “solo” para el amor, escondiendo - especialmente para las mujeres - la dimensión del placer, para los que no distinguen sexualidad de reproducción les digo: todas las cosas que relato las aprendí como valores en la escuela y la secundaria laicas, aprendí idioma español, matemática, historia, biología y valores, muchos valores. Confieso que no recuerdo mucho del pluscuamperfecto ni de logaritmos, pero los “valores de ciudadanía” que allí aprendí me acompañan cada día en mi condición de mujer, madre, profesional y ciudadana. Soy feminista, estoy con la despenalización del aborto, creo que las mujeres no tienen obligación de ser madres y que los hijos tienen que ser deseados sino, mejor que no sean. Desde que voto, voto a la izquierda, estoy de acuerdo con el divorcio aunque hace 49 años que estoy casada con el mismo hombre, soy heterosexual pero creo que no es la única posibilidad.

Y sobre todo, no me asustan los que piensan distinto.

COMIC
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